Así, El retrato punzó convierte una pintura en escena teatral que no sólo exhibe un retrato, sino un relato sobre la nación. Ahora el teatro propone una operación nueva: volver a mirar la imagen oficial, no para consagrarla ni fijar su sentido en términos de los federales, sino para abrirla y crear algo nuevo desde otro espacio y otro tiempo. En esa apertura, la Historia vuelve a ponerse en movimiento.