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“El retrato punzó”: una pintura que se vuelve escena

  • Carolina Notta
  • hace 1 día
  • 4 Min. de lectura

En colaboración con @teatroensantafe


En El retrato punzó, el rojo se impone como deber: ser federal. En la sala Luisa Vehil del Teatro Nacional Cervantes, los espectadores asistimos a la narración de una historia, recordándonos durante su desarrollo que estamos en el teatro. Se trata de una obra que mezcla ficción e historia argentina para contar el origen del Retrato de Manuelita Rosas, realizado por encargo al pintor Prilidiano Pueyrredón en el año 1851, con motivo de presentarlo en un baile de gala en su honor. 


Foto: Mauricio Cáceres
Foto: Mauricio Cáceres

La puesta en escena, escrita y dirigida por Damián Dreizik, nos presenta a tres personajes: Manuelita Rosas, interpretada por Micaela Rey; Joaquín Ternejo, su tutor, a quien da vida Fernando Gonet; y Prilidiano, personaje que encarna Agustín Rittano. La obra presenta dos niveles temporales. Por un lado, la narración y, por otro, la acción misma de lo narrado. Impresiona el juego de luces y sombras que iluminan a Ternejo en determinados momentos, potenciado con el maquillaje que lleva sobre su rostro. Se trata de una imagen casi onírica. El ritmo actoral y vocal que despliega Gonet nos envuelve y nos invita a escuchar esa historia, provocando risas sutiles en los espectadores. Nosotros, como público, nos volvemos parte de la escena como interlocutores que escuchamos lo que se nos narra: una luz nos inunda durante gran parte de la obra. La cercanía, la intimidad y la calidez de la sala refuerzan este aspecto. 


Foto: Mauricio Cáceres
Foto: Mauricio Cáceres

Las luces también adquieren importancia en otro sentido. La pared posterior se tiñe de rojo… y de verde. Un juego de contrastes lumínicos que representan facetas opuestas de la historia argentina: unitarios y federales. La puesta en escena lo resuelve de manera impecable, ya que Manuelita era una “persona estimada hasta por los propios unitarios”, además de “la intermediaria entre el pueblo y el gobierno, es decir, auguraba la apertura a un mayor consenso” (Amigo, MNBA). 


Manuelita es un personaje impetuoso. Micaela Rey expande toda su energía en la escena, que le brota desde lo más interno de su cuerpo y la vuelve un tanto irreverente. De alguna manera, transgrede la norma que se le impone y, sin adelantar la trama de la obra ni los detalles, digamos que guarda relación con la imagen del burro que aparece en la imagen del programa de mano. Animal que resulta el eje central para otorgar sentido a toda la historia. 


Un último punto interesante de la obra: arte y política, dos conceptos que atraviesan no sólo las palabras de los personajes, sino también la historia de las artes en Argentina en el siglo XIX. Prilidiano es convocado para pintar el retrato de Manuelita. Sin embargo, con ello se exhibe otro par de oposiciones: la pintura como imagen política y la pintura como expresión del espíritu. Prilidiano y Ternejo encarnan cada uno de ellos, de lo cual es menester destacar el papel de Agustín Rittano, quien interpreta al pintor con una gran sensibilidad, así como capta en sí las diferentes emociones que desarrolla en las escenas. 


No menos importante resulta la apuesta de la dramaturgia de Dreizik por crear una historia en torno al retrato de Manuelita, centrado en la figura de la hija de Rosas. Ello constituye un hecho clave porque se centra específicamente, tal como lo propone Roberto Amigo, en el cambio de imágenes del padre a la hija. Además, propone una versión del carácter de la joven, que subyace a la pintura y a la historia. Finalmente, resulta interesante el gesto de la puesta en el Teatro Cervantes. Al subir las escaleras, al lado de la entrada a la sala, hay una vitrina con una imagen del retrato. Los espectadores se acercan a observarla y, si quizás no lo conocen, El retrato punzó puede ser un disparador para adentrarse en la historia argentina y conocer esa pintura que se constituye como obra emblemática de los federales y es el cuadro más importante que tuvo ese artista. 


Así, El retrato punzó convierte una pintura en escena teatral que no sólo exhibe un retrato, sino un relato sobre la nación. Ahora el teatro propone una operación nueva: volver a mirar la imagen oficial, no para consagrarla ni fijar su sentido en términos de los federales, sino para abrirla y crear algo nuevo desde otro espacio y otro tiempo. En esa apertura, la Historia vuelve a ponerse en movimiento. 


Textos citados:

Cabra, G., García Martín, C., & Rivas, M. (2017). El retrato de Manuelita rosas. Entre el valor histórico y el estético. Nimio, (4), 57–66. Recuperado a partir de https://papelcosido.fba.unlp.edu.ar/ojs/index.php/nimio/article/view/544



Ficha técnica:


Elenco:

Joaquín Ternejo - Fernando Gonet

Manuelita - Micaela Rey

Prilidiano - Agustín Rittano


Diseño de coreografía: Valeria Narváez

Diseño sonoro y composición musical: Marcelo Katz

Diseño de iluminación: Miguel Solowej

Diseño de vestuario y escenografía: Cecilia Zuvialde

Asistencia de escenografía y vestuario: Iara Ceballos

Dirección: Damián Dreizik


Asistencia de dirección TNC: Toia Béhèran

Producción TNC: Marlene Nördlinger

Agradecimientos: a Manuel Ivan Katz Cepeda (violinista) y a Nicanor Dreizik






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