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“Riesgo clericó”: verano y humor en Estudio Barnó

  • Carolina Notta
  • 9 feb
  • 4 Min. de lectura

En colaboración con @teatroensantafe


En medio del verano santafesino, se presenta Riesgo clericó en Estudio Barnó. Una obra que brilla por doquier. Ilumina, refresca, divierte y acompaña el calor agobiante de la ciudad. Se trata, justamente, de asistir como espectadores a ver una sucesión de escenas que, por su mezcla desopilante, se sienten como tomar un clericó en compañía. Mientras disfrutamos del espectáculo de humor en formato de café concert, se puede comer y tomar unos tragos acompañados. 


Como se mencionó, Riesgo clericó es una puesta de brillos. Deslumbran los majestuosos vestuarios realizados por Osvaldo Pettinari y Mariano Franco, con una alta confección y tonos dorados, encajes, zapatos de taco altos y lentejuelas. El telón se asemeja a un velo, una tela transparente llena de círculos brillosos y las frutas del clericó colgadas arriba. Los actores traen a escena todo su esplendor con sus actuaciones solemnes, dinámicas y precisas. Y los textos de Pablo Tibalt y Josefina Bertoli producen la conjunción de todos estos elementos y cierran la configuración del humor. Las palabras brillan por la irrupción abrupta de registros que contrastan con las situaciones que se producen en el escenario, pero que resultan completamente pertinentes dentro de su lógica.


Foto: Leonardo Gregoret
Foto: Leonardo Gregoret

La mixtura de la obra puede sintetizarse en la fotografía que acompaña el texto: nada más y nada menos que una mujer que forma parte de la ¿alta sociedad? y un ángel. Ella, interpretada por Mariana Mosset, narra la vida cotidiana de la mayoría de las personas, como si fuese una aventura. Santiago Rodriguez, por su parte, es quien le da vida al ángel y nos cuenta sobre el deseo de ser artistas y todo lo que ello implica. Ambos funcionan como una suerte de guía del espectáculo, con una historia compartida a la que se vuelve durante el desarrollo de la pieza. 


Desde el comienzo, se anticipa a los espectadores que se trata de una puesta riesgosa y se nos convoca a asumir ese riesgo. Ello incluye asumir todo lo que aparecerá en escena en las próximas dos horas que dura el espectáculo. El escenario se expande y las luces nos vuelven partícipes de las diferentes historias que suceden en él. Somos, en parte, sus interlocutores directos. En escena aparecen Mariano Franco, Rosario Lucero, Mariana Mosset, Santiago Rodríguez, Pablo Tibalt, Jennifer Vallejos y se destaca la participación especial de Osvaldo Pettinari. Todos ellos, a excepción de Rodríguez, interpretan a mujeres de diversas índoles, cada una con sus ocurrencias particulares y su modo de relacionarse con las demás: son amigas, vecinas, cantantes, La Jessi Rubí que es gitana, La Nucha que es instructora de manifestación, y otros personajes que escapan a lo cotidiano. Las escenas son tan diversas y divertidas que se asemejan a las diferentes frutas con las que se arma un clericó. Todas unidas por un eje constituido por los vestuarios, la escenografía y las actuaciones que otorgan armonía a la obra. Aspectos que funcionan como hilo conductor de la obra, del mismo modo que el vino articula los distintos sabores del clericó.


Las alusiones a situaciones propias de Santa Fe nos recuerdan dónde estamos, agobiados por el calor del verano. Pero, por un momento, nos dejamos embriagar con ese clericó refrescante que nos hace reír, disfrutar de la compañía y nos subraya en cada momento la condición teatral de lo que vemos. 


A partir de allí, aparece otro de los aspectos destacables de Riesgo clericó: el escenario. Como se mencionó antes, el telón semitransparente anticipa una operación en la puesta, funciona como velo. No se trata de ocultar lo que está detrás, sino de filtrar la mirada sin anularla, sugerir, mostrar a medias. Los mismos personajes expresan que saben que “ellos son el show” y nos vuelven parte de la experiencia tras bambalinas. Esto se concreta explícitamente en la primera escena, cuando una mujer canta y se muestra el artificio teatral: todos los demás actores quedan a su disposición en el escenario. 


Además, la escenografía propuesta por Pettinari, Franco y Tibalt, funciona de manera armónica mientras traslada al público hacia diferentes mundos muy disímiles entre sí. La estructura que se encuentra en el escenario amplía los planos y permite un juego de alturas que se va construyendo por los propios personajes con un ritmo ágil. Por momentos el escenario se achica y, por otros, se expande. Incluso, en determinadas escenas, la conjunción de luces, maquillaje, vestuario y disposición escénica se asemeja a una pantalla: parece como si estuviésemos viendo cine. 


Finalmente, a las espectaculares actuaciones, se suman la selección musical realizada por Pettinari y Franco, y las coreografías armadas por Claudia Correa. Todo ello se encuentra en función del humor y son una narración en sí mismas. Los movimientos de baile realizados por los personajes incluyen al público y se encuentran perfectamente articulados en la puesta. Dinamizan la escena y aportan precisión: dirigen la mirada del espectador hacia uno u otro personaje. Una última acotación especial y totalmente destacable: la minuciosidad y la exactitud de Oriana Levatti en la técnica. 


En definitiva, Riesgo clericó es una experiencia que invita a asumir el juego teatral desde múltiples aristas: el brillo, el artificio, el humor y el convivio. Como el clericó de las fiestas de fin de año, la obra se presenta como una mezcolanza, donde convive lo diverso en armonía sobre el escenario. Es una puesta que celebra el teatro y propone una vivencia particular: el desborde de la risa y el disfrute de la compañía. Y el final… El final es emocionante. 


Ficha técnica


Actuaciones: Mariano Franco, Rosario Lucero, Mariana Mosset, Santiago Rodríguez, Pablo Tibalt, Jennifer Vallejos y la participación especial de Osvaldo Pettinari.


Textos: Josefina Bertoli y Pablo Tibalt.


Coreografías: Claudia Correa.


Vestuario y música: Osvaldo Pettinari y Mariano Franco.


Escenografía: Osvaldo Pettinari, Mariano Franco y Pablo Tibalt.


Técnica: Oriana Levatti.


Fotografía: Leonardo Gregoret




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