La escriba es una apuesta por recuperar la voz de la mujer y el pasado colectivo que nos atraviesa en el presente. Vuelve poético el grito (históricamente silenciado) en la magnífica interpretación actoral y musical que lleva adelante Anahí Gadda sobre el escenario. La dramaturgia de Sandra Franzen convierte el paisaje litoraleño en la identidad de esa mujer: el río, los camalotes y la yarará hacen avanzar el relato. Construye un grito común que representa a una y a todas las