“La escriba (Partitura poética para mujer y yarará)”
Escribir mujer. Escribir desde la mujer. Escribir para dejar de ser el cuerpo escrito, representado y definido por otros. En La escriba, se alternan dos tiempos: una voz en off narra el proceso de escritura de una obra y una mujer narra su propia historia sobre el escenario. La pieza cuenta con dramaturgia y dirección de Sandra Franzen, y la actuación y música en escena de Anahí Gadda; es una creación conjunta de ambas.

“Todo escribe alrededor suyo” es una de las frases que se reitera en la puesta. Una escritura que recupera el pasado individual de una mujer que vaga desterrada por el litoral, pero que se vuelve colectiva: es la historia de una y todas las mujeres. Más aún: la historia que continúa escribiéndose. El gran acierto en la dramaturgia es la fusión entre mujer y naturaleza. A medida que la narración avanza, como espectadora, se me presenta ante los ojos el imaginario litoraleño como si efectivamente estuviese sobre el escenario. Sin embargo, lejos de proponer una mirada meramente contemplativa del paisaje costero, el espacio se convierte en acción. El río, los camalotes, el barro, los surubíes, los sábalos, la yarará no son una simple imagen, sino que se inscriben como elementos constitutivos de la propia identidad de esa mujer.
A priori, la trama parece avanzar sobre los ejes recurrentes que conforman una historia de desamor. Pero es solo el punto de partida, porque la dramaturgia se desplaza enseguida de ese lugar: coloca en primer plano una serie de abusos patriarcales que sufre la mujer en todos los ámbitos que frecuenta. Silenciamientos, ocultamientos, cuerpos dominados ocupan el centro de la historia. El cuerpo: cuerpo abusado, dominado, desterrado, errante, que vaga por el litoral sin rumbo, recuperando su propio pasado en un grito poético musical. Frente al silencio, la música y el canto se vuelven el lugar del poder decir “mujer”. Poetizar y exclamar aquello que nos atraviesa.
En este punto resulta imprescindible destacar el impresionante trabajo de Anahí Gadda para componer el personaje. Ella danza, toca instrumentos musicales y canta con una destreza que nos hipnotiza. Crea una mujer con una presencia corporal imponente sobre el escenario, que se mueve con decisión, mientras lleva dentro la furia por todo lo vivido. Con unos pocos textiles que lleva en una bolsa, la actriz recrea diferentes momentos de la vida de esa mujer, cada uno con sus propias particularidades. Su voz inunda toda la sala mientras narra la historia de una víctima, pero las variaciones en el tono y en la interpretación nos muestran tanto el sufrimiento como la irreverencia para llevar adelante el relato. Si la dramaturgia de Franzen pretende dar voz y escribir a la mujer, la actuación de Gadda la complementa con la corporalidad y el grito hecho música. Mujer que ha sufrido y sufre todavía. Mujer y yarará. Río, tinta, veneno.

Y en el fondo, pero siempre presente, las escrituras de otras mujeres se inscriben en la escenografía. En conjunto con la iluminación, componen imágenes muy sutiles que varían durante toda la obra. Los cambios lumínicos proponen un juego temporal interesante que condensa el eje principal de la puesta: delimitan las alternancias entre el momento de escritura y el de la narración y representación de la historia.
La escriba es una apuesta por recuperar la voz de la mujer y el pasado colectivo que nos atraviesa en el presente. Vuelve poético el grito (históricamente silenciado) en la magnífica interpretación actoral y musical que lleva adelante Anahí Gadda sobre el escenario. La dramaturgia de Sandra Franzen convierte el paisaje litoraleño en la identidad de esa mujer: el río, los camalotes y la yarará hacen avanzar el relato. Y ella, desterrada, vaga por ese espacio y espera. Pero también narra, hace música y actúa: construye un grito común que representa a una y a todas las mujeres.
Ficha técnica:
Una creación de Anahí Gadda y Sandra Franzen
Actuación y música en escena: Anahí Gadda
Dramaturgia y dirección: Sandra Franzen
Música original: Gabo Illanes
Escenografía: Micaela Sleigh
Iluminación: Fabricio Ballarati
Vestuario: Paula Molina
Asistencia de dirección: Cassandra Chelini Vega, Simón Vintrob
Maquillaje y caracterización: Cassandra Chelini Vega
Asesoramiento coreográfico: Charlie Díaz Schillaci, Doris Petroni
Entrenamiento vocal: Facundo Abraham
Diseño instrumental legüero: Inés López
Fotografía: Gustavo Gorrini
Diseño gráfico: Andrés Mendilaharzu
Prensa: Natalia Bocca
Producción: Compañía Anfysa
Agradecimientos: Tony Lestingi, El mundo de las pelucas, APDEA, Páramo cultural, Ingrid Pelicori, Mercedes Torre



Comentarios