El panteón de los Garramuño encuentra en el humor una manera de hablar de la muerte, de la familia y de esas preguntas que siguen acompañándonos incluso después del final. Con una dramaturgia que sostiene la intriga y un trabajo actoral preciso, corporal y lleno de matices, la puesta dirigida por Silvia Paredes convierte ese panteón frío y solitario en un espacio habitado por distintas generaciones, recuerdos, canciones y conflictos familiares.