Hamlet, bueno para nada apuesta a un nuevo personaje shakesperiano. Con menor solemnidad, convierte la tragedia en una experiencia ágil y profundamente cercana a los espectadores. Pablo Tibalt despliega una increíble versatilidad para encarnar a los múltiples personajes y, al mismo tiempo, jugar con su propia figura de actor, en un vínculo permanente con el público. La obra transita entre Shakespeare, el metateatro y el juego escénico hasta conducirnos hacia un final inimagin