La obra apuesta por recuperar, desde la ficción teatral, una subjetividad relegada por el relato histórico, privilegiando la intimidad por sobre la reconstrucción política de los hechos.
Como encendida es una obra para detenerse y contemplarla. Nina regresa al teatro donde se inició como actriz, pero ya todo son ruinas. Entonces, nos pone frente a una mirada melancólica que revisita el pasado para hacerse preguntas sobre sus propias decisiones. Todo ello se despliega mediante una serie de elementos simbólicos que permiten volver a mirar, mientras La gaviota de Chéjov aparece latente durante toda la función.