top of page

“María Antonieta, la de Austria”: recuperar la cabeza y tomar la palabra

  • Carolina Notta
  • hace 2 días
  • 3 Min. de lectura

La condena de María Antonieta se torna excusa para desplazar los hechos históricos hacia aquello que ha sido largamente silenciado de la subjetividad femenina: un cuerpo atravesado en tensión por el deseo, la sexualidad y la disciplina. Funciona como punto de partida para reconstruir aquello que la Historia silenció sobre la última de Francia antes de la Revolución. Ella, que no tuvo tiempo para armar su defensa frente al Tribunal Revolucionario, encuentra en la ficción un espacio para exponer sus propios sentires y recuperar simbólicamente su cabeza luego de la decapitación. La distancia temporal nos permite mirar su vida, no desde un juicio sobre la reina, sino desde la comprensión de sus placeres y sus vivencias, que salen del ámbito de la corona para humanizarse, como los de cualquier otra persona común y corriente. 


Camila Borda da vida a esta actual versión de María Antonieta que nos propone la dramaturgia de Brian Bolsón. La puesta de luces juega un papel fundamental: ilumina aquellos momentos claves que relata la obra y que forman parte de su vida. Al comienzo, una figura casi espectral, construida por el vestuario y el efecto lumínico, la reina comienza a hablar. La condena se hace a un lado para que ella pueda al fin pronunciar una defensa tardía. El tono pausado y los silencios en el texto de Borda aluden a todo aquello que debía ser callado. Desde allí comienza el relato de fragmentos de su vida privada, de lo que ha sucedido puertas adentro, iniciando con su infancia. 

Fotografía: Martina Zenn / Oriana Mareco
Fotografía: Martina Zenn / Oriana Mareco

María Antonieta, aquella niña de Austria, no es únicamente reina: es antes que nada una mujer. La extensa detención de la escena para manipular el vestuario que lleva Borda permite apreciar las múltiples capas que constituyen el personaje. Es austríaca y francesa: ¿cómo afrontar ese cambio y seguir siendo la misma persona? La Historia de Francia se desplaza hacia la intimidad de la reina: ¿dónde queda el deseo y la sexualidad cuando desde afuera se espera un cuerpo disciplinado? ¿Qué se hace con lo prohibido frente al poder monárquico? Sin cambios en el tono solemne del soliloquio, la reina muestra un cuerpo deseante y el vínculo lésbico que mantiene con otra mujer de la corte, interpretado por Josefina Baragiola. La cercanía corporal y el erotismo se conjugan con la iluminación para recuperar una dimensión de la sexualidad femenina históricamente silenciada y objeto de sospecha para la época de la Revolución. La escenografía funciona en el mismo sentido: una mesa donde se sirven los banquetes abundantes y donde tienen lugar los placeres terrenales. El símbolo de la monarquía y el derroche es, ahora, el lugar donde se encuentra la cabeza de María Antonieta. La apuesta por hacer a un lado la Historia para mostrar los cuerpos silenciados, el deseo, la vida privada, tiene éxito en esta obra. 


María Antonieta, la de Austria pone en el centro una serie de capas que se cristalizan en el rol de reina: la mujer, niña, madre, amante, condenada y decapitada. En el relato que reconstruye su vida puede recuperar su cabeza y defenderse, no sólo de quienes la acusan, sino también de todos aquellos que la han silenciado desde su infancia y durante su reinado. La obra apuesta por recuperar, desde la ficción teatral, una subjetividad relegada por el relato histórico, privilegiando la intimidad por sobre la reconstrucción política de los hechos. 


Ficha técnica:


Dramaturgia y Direcc. Gral: Brian Bolsón 

Asistencia de Dirección: Camila Borda 

Elenco: Josefina Baragiola

Camila Borda

Eduardo Cabrera

Diseño de Gráficas: Kun Gorosito 

Diseño de Vestuario: Florencia Tourn 

Fotografías: Martina Zenn / Oriana Mareco 

Locución: Gianfranco Salomón 

Diseño de planta de luces: Gianfranco Salomón y B. Bolsón 

Luminotecnia: Francisco Gervasoni 

Creación de Contenido: Matías Fernández Cardot 



Comentarios


bottom of page