“Bajo terapia”: lo que viene después de la risa
- Carolina Notta
- hace 6 días
- 4 Min. de lectura
En colaboración con @teatroensantafe
La mayoría de las veces hay una línea marcada entre la risa y las lágrimas. Pero también hay obras que nos trasladan hacia un vaivén emocional. Son las que más me gustan: las que nos hacen reír, hasta que en un momento nos confrontan con la pregunta: ¿de qué me estoy riendo? Y en ese instante aparece la incomodidad, la interpelación, la indignación. El teatro se pone en acción y reacciona ante la violencia que vemos casi todos los días. Son escenas que dejan una huella en el cuerpo, una experiencia un tanto difícil de poner en palabras mientras es vivida, e incluso después, cuando se sale del teatro al mundo, donde la ficción ya no es tal. Todo eso propone Bajo terapia de Matías Del Federico y Daniel Veronese, con dirección y puesta en escena de Ezequiel Maya. Una mirada sobre el interior de la vida en pareja, que cuestiona los roles y la violencia de género. Nos posiciona frente a diálogos que no nos resultan tan lejanos y, como espectadores, podemos ver lo natural de todos los días con distancia crítica.

La sinopsis dice lo siguiente: tres parejas que asisten a una sesión de terapia. La psicóloga, en vez de presentarse, deja sobre una mesa algunos sobres con consignas para que las comenten entre todos y cada uno debería dar su opinión sobre las propuestas, para ayudar a los demás. Los temas que se abordan no son neutrales y las reacciones de cada pareja al respecto resultan muy interesantes. Como espectadores, más que nunca en esta obra, somos una especie de voyeurs de esa habitación de terapia: espiamos porque queremos saber qué pasa, nos da placer ver los pormenores de esas parejas, sus problemas, sus ideas resolutivas para sí y para los demás, y sus fuertes discusiones. Tanto gozamos de esa observación como los propios personajes disfrutan conocer los problemas de las otras dos parejas, volviendo al público cómplice en ese goce incómodo que se suscita al encontrar en el otro nuestras propias miserias. La tensión en la trama oscila entre subidas y bajadas, y nos mantiene atentos durante toda la función para ahondar en la historia, aunque un poco nos lo imaginemos y otro poco, quizás, lo conozcamos de primera mano.
La puesta funciona por la excelente interpretación actoral y por la utilización del espacio escénico. Empecemos por las actuaciones, que logran que cada personaje sea muy diferente a los demás y que cada pareja tenga sus rasgos propios: gestos, modos de tratarse, complicidad. Marisa Ramírez y Ezequiel Maya son Paula y Ariel; Mariano Rubiolo y Mirna Cettour, interpretan a Roberto y Andrea; y Adrián Cáceres y Nelda González dan vida a Esteban y Tamara. Los juegos de tensión tienen lugar, no sólo por la dramaturgia, sino por los tonos de voz, los desplazamientos y las corporalidades de los actores y actrices en el escenario. En Bajo terapia, la verdad es la única opción, pero no es neutra ni pasa desapercibida: estalla en los cuerpos y en los sentimientos de cada personaje. Sin dudas, es necesario destacar el trabajo con las corporalidades que ponen en escena Ramírez, Rubiolo y Cettour. Son muy diferentes entre sí, pero todas logradas de una manera extraordinaria y con mucha presencia. La primera actriz mencionada, tiene un marcado tono desafiante tanto en su voz como en sus gestos, su cuerpo se impone ante el resto, pone el pecho ante todo y provoca ganas de confrontar aquello con lo que no estamos de acuerdo. Mirna Cettour, por su parte, tiene un tono corporal casi inerte, sumiso y fácilmente manipulable, que funciona en conjunto con su historia. Por último, la actitud de Rubiolo provocada con su cuerpo genera temor; sus risas, el tono y el volumen en su voz lo acrecientan tanto que produce rechazo. ¿En qué radica la excelencia? En que todos nos permiten, en algún punto, experimentar lo mismo que sienten los personajes, en sus inesperados devenires y en constante cambio. Podemos sufrir con ellos, indignarnos, odiarlos, amarlos y hasta reírnos.
La utilización del espacio escénico también es interesante. Asimismo, no resulta menor que la mayoría de las funciones, desde su estreno en mayo de 2025, se hayan realizado en la sala del Valeri Montrul, donde casi no existe distancia con el escenario y con los actores. La obra completa transcurre en el consultorio de una psicóloga, conformado por una escenografía muy realista en cuanto a lo que requiere una reunión grupal: sillones, decoración y hasta una mesa con infusiones, galletitas y alcohol para que disfruten mientras conversan. El mayor logro de Bajo terapia son los movimientos de los personajes en el escenario y la utilización de los objetos de la escenografía. Todo transcurre por todos lados. De repente, uno mira hacia un lateral y ocurre algo tan interesante como lo que está sucediendo en el extremo opuesto. Los gestos, las posiciones de los actores, las acciones, dan como resultados fragmentos mínimos que terminan de configurar la escena completa. Se trata de un gran acierto en la puesta en escena.
La obra nos traslada de unas emociones a otras, nos identificamos con uno u otro personaje. Entre risas, nos lleva hacia un punto que quizás no nos es grato mirar, pero es necesario: la violencia cruda que existe en esas relaciones de pareja, desde lo más mínimo y naturalizado hasta lo completamente visible. Cuerpo, voz, palabras de amor y exabruptos se conjugan para hablar de un hecho totalmente actual sobre el que es urgente alzar la voz. No en vano los cuerpos que se destacan son los de Cettour, Rubiolo y Ramírez: todos ellos, desde el comienzo, cuentan algo más. Y el final inesperado directamente me atraviesa como espectadora y me impide nombrar lo que provoca.
Ficha técnica:
Dirección y puesta en escena: Ezequiel Maya
Dramaturgia: Matías Del Federico y Daniel Veronese
Adrián Cáceres es Esteban
Nelda González es Tamara
Ezequiel Maya es Ariel
Marisa Ramírez es Paula
Mariano Rubiolo es Roberto
Mirna Cettour es Andrea



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