Segundo cielo nos invita a recorrer una ficción en la que realidad, teatro, memoria y tiempo se superponen hasta volver imposible distinguir con certeza en qué plano nos encontramos. Pero no estamos perdidos, sino que seguimos las huellas de una historia que se reescribe una y otra vez: de El jorobadito a la propia trayectoria de Pfeiffer, de los textos de otros a los propios, del pasado al presente y a ese tiempo-otro que la obra parece abrir más allá de la muerte.
Morir. Aullar. Vivir. provoca la acción: invita a llevar adelante un grito animal que espera ser escuchado a tiempo. Se trata de una experiencia que merece ser vivida: voz, música y escena.