"Morir. Aullar. Vivir." Un grito animal por todas
- Carolina Notta
- 4 may 2025
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 6 feb

La crítica original fue publicada en Lee Mateo, el Medio Argentino de Teatro Online de la Asociación Argentina de Crítica e Investigación Teatral (AINCRIT). Disponible en:
En la sala de Valeri Montrul Multiespacio en la ciudad de Santa Fe se presentó en abril de 2025 la obra «Morir. Aullar. Vivir.», una puesta que combina narración, música en vivo y proyección, creada por el grupo Cuatro Casas. Las actrices son: María Rosa Pfeiffer, Viviana Quaranta y Vanina Dadone; y las músicas son: Ivana Papini, Olga Ponce Caballero y Elina Goldsack.
Quienes asistimos como espectadores a la función de Morir. Aullar. Vivir, nos acercamos a un encuentro íntimo con la palabra, la voz y el grito animal. Se trata de un aullido inspirado en el femicidio de Noelia Ochstadt, ocurrido en la localidad de Humboldt, provincia de Santa Fe, en el año 2020. En escena, ese grito animal se manifiesta en escena por tres actrices y tres músicas, que son una y todas a la vez. Una unión en convivio para “resucitar” a la que ya no está físicamente.
La obra fue creada por el grupo Cuatro Casas, integrado por María Rosa Pfeiffer, Raquel Minetti, Elina Goldsack y Daniela Ferrari. Por la información brindada, conocemos que se originó en el período de aislamiento social, invitando a mujeres de diferentes localidades de la provincia a grabar fragmentos de la obra en espacios domésticos con sus propias voces y enviar el material producido. Los videos se subieron periódicamente a la plataforma Instagram, sugiriendo la historia por fragmentos. En esta ocasión, se asistió a las funciones realizadas durante el mes de abril de 2025 en la Sala Cervantes del Centro Cultural ATE Casa España y en la sala de Valeri Montrul Multiespacio.
Si nos atenemos a la historia, encontramos como acción la lectura de un texto escrito. Ésta se lleva a cabo por tres personajes femeninos: la que está muerta, la que está viva y Loba, la perra. Cada una cuenta el hecho desde su propia perspectiva y con sus particularidades. Se aúna en ellas el femicidio y parte de su vida cotidiana.
La palabra escrita y leída en escena nos permite entablar una relación directa con el concepto de “escritura femenina” de Hèlene Cixous. No se trata de definir la escritura realizada por mujeres, sino que se enfoca en otros aspectos que enriquecen nuestra interpretación de la obra teatral. Esta autora en su libro La risa de la medusa, propone que la escritura femenina aborda el deseo de conjunto o unión del uno con el otro, es decir, de un “incesante intercambio entre un sujeto y otro” (Cixous, 1995). Esto resulta clave en Morir. Aullar. Vivir. En la escena, el hecho se narra desde las perspectivas de los tres personajes y ello se convierte en el intento de cada mujer de comprender a la otra desde su propia mirada. En ese intercambio de monólogos, donde “a veces hablan entre ellas”, se conoce el femicidio y se plantea la pregunta acerca de la vida, la muerte y el amor. Ese interrogante nos guía durante toda la obra, invitando al espectador a pensar y reflexionar en conjunto con los personajes. Se trata de preguntas sin respuestas, que muestran, al igual que la escritura femenina, que la verdad es inaccesible y nunca es unívoca. Ponen en evidencia que la construcción del relato depende de la multiplicidad de interpretaciones en un juego de miradas diversas. Entre ellas, la de los espectadores.

La obra presenta un tema actual que nos interpela en todos sus sentidos. Es destacable las interpretaciones de María Rosa Pfeiffer, Viviana Quaranta y Vanina Dadone, así como de las tres músicas que están en escena: Ivana Papini, Olga Ponce Caballero y Elina Goldsack. Los sonidos de la flauta traversa, el fagot, el piano y el clarinete crean un ambiente que enaltece las voces y gritan en conjunto con ellas. Goldsack menciona que, cuando leyó la obra, le pareció que los tres instrumentos de viento eran las tres voces de las mujeres. Esta idea se materializa de un modo precioso en la puesta en escena, tanto por la ejecución como por el diálogo que se suscita entre voces e instrumentos, en conjunto y de manera alternada.
La dramaturgia es impecable, al igual que muchos otros textos de Pfeiffer. Dialoga no sólo con un tema social muy importante, sino también con la multiplicidad de perspectivas sobre un mismo hecho. Sin dudas, una obra íntima que lleva al extremo las emociones de los espectadores. Morir. Aullar. Vivir. provoca la acción: invita a llevar adelante un grito animal que espera ser escuchado a tiempo. Se trata de una experiencia que merece ser vivida: voz, música y escena.
Texto citado: Cixous, H. (1995) La risa de la medusa. Ensayo sobre la escritura. Barcelona: Anthropos; Madrid: Comunidad de Madrid. Consejería de Educación. Dirección General de la Mujer; San Juan: Universidad de Puerto Rico. [Traducción de Ana Moix].
Ficha técnica
Texto: María Rosa Pfeiffer.
Actrices: Viviana Quaranta, María Rosa Pfeiffer y Vanina Dadone.
Producción sonora: Elina Goldsack.
Intérpretes: Ivana Papini (clarinete), Olga Ponce Caballero (fagot) y Elina Goldsack (flauta – piano).
Edición y proyecciones: Elisa Martínez.
Técnica: Julia Torres.
Puesta en escena: Grupo Cuatro Casas.
Dirección actoral: Fabiana Godano
@decuatrocasas



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