“Segundo cielo”: el juego de la multiplicidad
- Carolina Notta
- hace 4 días
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Un juego escénico en el que coexisten múltiples realidades. Esa podría ser una definición de Segundo cielo, obra estrenada el 14 de agosto en la sala Cervantes de la ciudad de Santa Fe. Escrita y dirigida por María Rosa Pfeiffer, tanto la dramaturgia como la puesta en escena nos acercan a algunos de los elementos centrales que conforman su poética: la multiplicidad, la hibridez, el ser uno y otro simultáneamente.

La trama nos envuelve en una situación extraña. Creo que esa es la palabra justa para nombrar lo que sentí al ver a esos personajes en el escenario: extrañeza. Dos ex novios se encuentran, ella va a la casa de él, pero él tiene una esposa e hijos. Y esa esposa tiene un esposo. Y además son actores envueltos en un eterno bucle temporal donde ensayan una y otra vez la obra teatral El jorobadito. Mi experiencia personal: disfruto perderme en ese ir y venir de un plano de realidad a otra y me dejo atrapar por el devenir de la historia. No sé si es un sueño, un plano diferente al terrenal u otro espacio. Pero la magia de la ficción creada por Pfeiffer capta toda mi atención y me arrastra hacia la experiencia de ser espectadora de ese mundo.
Esta multiplicidad presente en la dramaturgia se traslada al escenario, donde coexisten diferentes escenas, con personajes que responden a sus propios espacios y tiempos. Ellos oscilan entre ritmos dinámicos, otros más pausados e, incluso, la detención total. Personajes que, en presencia, junto a otros, no tienen contacto alguno. Actores que son personajes, personajes que son actores, actores que actúan una y otra vez las escenas de una obra que ya no se sabe cuál es. Y el otro tiempo y el otro espacio: el de la ficción, que se desarrolla dentro de una casa fragmentada, con personajes fragmentados, que parecen ser convocados juntos únicamente el teatro (dentro del teatro: una mise en abyme extraordinaria). Una casa construida con una escenografía majestuosa: inmensa y onírica, que guarda en sí misma la memoria de una inundación (imposible no pensar en la llanura santafesina).

No es casual el gesto de Pfeiffer al recuperar El jorobadito. Se trata de la versión escénica que escribió Rodolfo Aldasoro a partir del cuento de Roberto Arlt. Fue puesta en escena por el Teatro Llanura en el año 1981, donde participaba la propia Pfeiffer como actriz. Pero ahora, en esta casa, la obra se reescribe constantemente y se pierde la percepción de las versiones y de los significados que se le han asignado en uno u otro momento. Esta multiplicidad de versiones de la obra teatral, que interpretan estos personajes, genera la duda y nos mantiene en vilo durante toda la función.
Un aspecto más: la historia de amor organiza la obra: ¿el amor romántico de una pareja o el amor al teatro? Cada actor demuestra un increíble trabajo de composición de personajes, que, como mencionamos, responden a la multiplicidad. Alejandrina Echarte es dulce, pero también lleva dentro suyo un deseo contenido desde hace mucho tiempo. José Pablo Viso da vida a Erdosain, un exjuez/exnovio/marido/director de teatro/actor/escritor de versiones de obras teatrales, quien siempre parece estar ocultando algo más allá de lo que muestra. Juan Candioti se destaca por su interpretación de esposo/mecánico de autos y del Jorobado: se impone en la escena cada vez que aparece en este último personaje, con un vestuario muy versátil. Además, es quien más oscila entre la acción y la pasividad, mientras otorga a la puesta una serie de sonidos que van en consonancia con el universo mágico que se genera. Roberto Francucci es, quizás, el personaje más extraño: en su propio ser habitan diferentes tiempos: siempre está esperando el pasado y el porvenir, y ancla la historia al espacio, al arroyo Cululú. Finalmente, y a mi parecer, quien arrasa la escena con su presencia corporal, su voz y sus acciones es Guillermina Volken: una esposa que se impone, que alza la voz, que simula ser amable para dejar salir su perversidad ante quien pretende quitarle su lugar: una mujer que se defiende.
Segundo cielo nos invita a recorrer una ficción en la que realidad, teatro, memoria y tiempo se superponen hasta volver imposible distinguir con certeza en qué plano nos encontramos. Pero no estamos perdidos, sino que seguimos las huellas de una historia que se reescribe una y otra vez: de El jorobadito a la propia trayectoria de Pfeiffer, de los textos de otros a los propios, del pasado al presente y a ese tiempo-otro que la obra parece abrir más allá de la muerte. Y quizás allí radique su mayor potencia: en recordarnos que el teatro también puede ser ese lugar donde múltiples realidades coexisten, se contradicen y, sin embargo, encuentran una forma de permanecer.
Ficha técnica:
Actúan: Alejandrina Echarte, José Pablo Viso, Guillermina Volken, Juan Candioti y Roberto Francucci.
Música original: Elina Goldsack. La participación de Julia Torres en la voz de “Perfidia” y Francisco Torres en guitarra, grabación y mezcla.
Iluminación: Sergio Robinet.
El diseño visual y del espacio escénico contó con la colaboración de Raquel Minetti y Salvador Ramayo.
Asistencia de dirección: Agustina Gudiño.
Dramaturgia y dirección: María Rosa Pfeiffer.



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