Se trata de un diálogo llevado a cabo entre una mujer un tanto (o bastante) extravagante y un hombre en una parada de colectivos. Todo transcurre en la espera, donde las palabras, que rozan el sinsentido y la incomunicación, terminan otorgando significación al amor.
Una puesta escénica donde los personajes actúan en presencia, pero la mayor parte del tiempo no se miran. La sinopsis versa: “las ausencias no significan, exactamente, que no haya presencias”. En la obra, ambas se conjugan y se llenan los huecos con nada más y nada menos que amor.