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"Miopía": la alteración de la mirada y el amor

  • Carolina Notta
  • 17 sept 2025
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 6 feb

Gentileza del equipo de Miopía
Gentileza del equipo de Miopía

La crítica original fue publicada en Lee Mateo, el Medio Argentino de Teatro Online de la Asociación Argentina de Crítica e Investigación Teatral (AINCRIT). Disponible en: https://leemateo.com.ar/?p=4563


El domingo 14 de septiembre del año 2025 se estrenó «Miopía» en la sala de Valeri Montrul Multiespacio, en la ciudad de Santa Fe. Es el segundo estreno consecutivo del grupo cuyos integrantes son Valentina Muzzachiodi, Camilo Buttarelli, María Agustina Arriola y Germán Gamboa.


La sensibilidad vuelve a inundar por completo la sala del Valeri Montrul con Miopía. Se trata de una obra del absurdo escrita por Pablo Vera, un dramaturgo de la provincia de Tucumán, e interpretada por María Agustina Arriola y Germán Gamboa. Asimismo, la dirección está a cargo de Valentina Muzzachiodi, con asistencia de Camilo Buttarelli.


El equipo es el mismo que estrenó una semana atrás Estás ahí, pero con “los roles intercambiados”, tal como explican al finalizar la obra. Este detalle no es menor, dado que aparecen ecos de una y otra en ambas puestas en escena. La disposición espacial de los espectadores es la misma en ambas piezas: butacas dispuestas en forma de L, de modo tal que permite observar la escena desde dos posiciones diferentes. Entre un grupo de butacas y otro, queda una diagonal con una potente luz frontal, hacia donde se dirigen los actores para nombrar lo importante. Eso funciona muy bien escénicamente porque produce tensión e intriga acerca de lo que tienen para decir. Finalmente, son obras donde la sensibilidad adquiere un papel relevante, no sólo en las interpretaciones actorales, sino también en el texto dramático.


La escritura de Vera es majestuosa. Se trata de un diálogo llevado a cabo entre una mujer un tanto (o bastante) extravagante y un hombre en una parada de colectivos. Todo transcurre en la espera, donde las palabras, que rozan el sinsentido y la incomunicación, terminan otorgando significación al amor. Cada uno habla más para sí mismo que para el otro, presentando una reflexión sobre la capacidad de entendernos y pensar: ¿es el habla un acto solitario por más que siempre se refiera a un otro? Sin embargo, es la sensibilidad y el amor, justamente, lo que salva las distancias.


 Asimismo, Miopía presenta otro tópico igual de interesante: la percepción. Los objetos, el espacio, los tamaños se distorsionan en boca de los personajes. La miopía, en tanto alteración de la vista, es el lugar desde donde se observa. Posición lograda de manera excelente en la puesta en escena por la inclusión de unos anteojos excéntricos con los que mira la mujer. Esta percepción y la alteración de la realidad desemboca en lo que ella misma llama lo “irreal”. En este punto es necesario preguntarse: ¿qué es lo “irreal”? ¿Existe? ¿Es posibilidad o imposibilidad? Quizás sea interesante traer a colación una reflexión de Blanchot sobre la novela. Para él, “lo imaginario no es el doble, menos riesgoso, menos problemático que lo real, sino lo que de lo real aún no conocemos. Imaginar es, entonces, afirmar todo lo irreal que encubre la realidad” (Blanchot en Capdevila, 1987: 96). Desde una mirada comparativa, quizás es eso mismo lo que el convivio teatral puede: mostrar todas las posibilidades de aquello que no conocemos de la realidad. ¿El camino para ello? La sensibilidad, obviamente. Alteraciones en la percepción, sinsentidos, incomunicación, absurdo: en la puesta adquiere su significado.


María Agustina Arriola lleva un vestuario que funciona a la perfección para este personaje que se sale de lo esperable habitualmente. Su frescura actoral construye un personaje liviano, que se mueve por el escenario como si flotara, de un lado al otro. La espera, para ella, es la oportunidad de mostrar cómo es su visión del mundo. Germán Gamboa, está más cercano a lo que conocemos como “realidad”, pero tiene una gran pregunta: ¿cómo ponerse en los zapatos de esa mujer? La química entre ambos es destacable, así como sus movimientos rodeando siempre el asiento de la parada de colectivos. Las actuaciones son excelentes y se adecuan perfectamente al absurdo del texto dramático.


Una cuestión extra es la selección musical. Al igual que en otras obras dirigidas por Muzzachiodi y Arriola, la música narra lo que no se dice en escena. Siempre aportan un plus que contribuye a generar el sentido y a seguir el argumento.

Una puesta sumamente disfrutable. Nos recuerda a cada momento la potencia del teatro. Nos genera preguntas y nos invita a pensar acerca de lo real. Un texto dinámico que aparenta no tener sentido, demostrando que desde el absurdo se puede plantear una nueva manera de mirar, donde es posible todo aquello que escapa a lo conocido.


Actores que interpretan de manera extraordinaria ese texto, aportando su sensibilidad en la composición de los personajes. Una dirección que explota lo mejor de cada uno de los elementos de la puesta para integrarlo todo y mostrar aquello que el teatro puede en este caso: acercarnos a lo desconocido de la realidad y del amor.


Texto citado: Capdevila, Analía (1987) “Blanchot y la novela” en Paradoxa. Literatura/Filosofía. Año 2 N° 2. Rosario.


Ficha técnica:


Texto: Pablo Vera

Elenco: María Agustina Arriola y Germán Gamboa

Diseño y operación de luces y sonido: Camilo Buttarelli y Valentina Muzzachiodi

Dispositivo escenográfico: Jorge Horacio Muzzachiodi

Diseño de Flyer: Victoria Serrao

Asistencia de dirección: Camilo Buttarelli

Puesta en escena: Valentina Muzzachiodi


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