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“El acompañamiento”: sueños, amistad, compañía

1 oct
4 min de lectura

En la sala de El Taller de la ciudad de Santa Fe se presenta la obra El acompañamiento, de Carlos Gorostiza, dirigida por Darío Giles. Antes de comenzar, el director nos comenta que la obra fue escrita en 1981 y que participó del movimiento Teatro Abierto, durante dictadura militar. Al igual que otras piezas de la época, el énfasis se encuentra en el abordaje de un tema fundamental: la libertad.


Fotografía: José Almeida
Fotografía: José Almeida

Y no resulta menor, porque Eduardo Fessia y Roberto Francucci son los actores ideales para encarnar a los personajes de Tuco y Sebastián, dos amigos que conversan mientras esperan la llegada del acompañamiento. El primero de los personajes mencionados es un hombre que ha pasado su vida trabajando en una fábrica, aunque su sueño siempre ha sido ser cantante de tango. Aún más: ser como Gardel. Al comienzo de la función, lleva ya varios días encerrado en una habitación de su casa, ensayando. Resulta que un amigo le aseguró que cantaría en la televisión y que, para que todo saliera bien, le enviaría un acompañamiento de guitarras para que practicara previamente. Pero quien llega a interrumpir la espera es su amigo Sebastián, quien, al igual que la familia de Tuco, intenta convencerlo de que salga de esa habitación. Así, la trama avanza mediante un diálogo potente e interesante, con el que se nos presentan algunas aristas para pensar en el valor de los sueños y de la amistad.


Fessia se impone con su físico, su presencia y su voz. Es sumamente destacable el clima que genera en la escena. Por un lado, interpreta a la perfección un tono un tanto paranoico con el que vive, siempre atento a que no lo molesten ni a que nadie irrumpa durante sus ensayos. Como si intentara protegerse de algo que, para cualquier otra persona, no implica ningún peligro. A medida que avanza la trama, se nos va develando su historia y el por qué de esa situación: por primera vez en su vida hay lugar para cumplir el sueño y Tuco lo demuestra cada vez que canta. Fessia construye un personaje que se vuelve vulnerable al hablar de sus anhelos y produce un contraste sumamente interesante al interior de ese personaje que muestra, al mismo tiempo, rudeza, tosquedad, miedo, ilusión: la esperanza de que una vez las cosas pueden ser diferentes, aunque para ello deba renunciar a todo. Además, este trabajo actoral se complementa con la relación con los demás elementos de la puesta en escena, tanto con el vestuario como con la escenografía. Se generan imágenes muy interesantes en el vínculo entre Tuco y el retrato de Gardel que tiene colgado en la pared y que se roba gran parte de la atención desde que entramos a la sala, así como también con otros objetos y disposiciones del cuerpo en escena.


Pero esto no queda aquí. Su carácter se va complejizando desde que llega su amigo y el diálogo avanza. Es que Francucci aporta su cuota de excelentísima actuación, aún casi sin desplazarse ni mover mucho su cuerpo sobre el escenario. Su personaje está construido hacia el interior de sí mismo, pero el actor logra transmitirlo de manera excepcional al público. Si Fessia genera un clima de paranoia, Francucci agrega la duda constante: nunca sabemos si lo que dice es verdad o no, y actúa como si todo el tiempo ocultara algo, o como si lo que quisiera decir no es posible en ese momento. Y es que en él se mezcla la compasión y la alegría, y se juega el valor de la amistad: nos enfrenta a ese momento en que uno quisiera darle a entender a un amigo ilusionado que existen muchas posibilidades de que su sueño no se concrete. Sin embargo, al mismo tiempo, se ingresa en un dilema: ¿cómo decir lo que se pretende sin perjudicar la ilusión del otro? Una situación que uno nunca sabe muy bien cómo afrontar porque lo que está en juego, en última instancia (o en primer lugar, en realidad), es la amistad: se puede perder. Lo extraordinario de este dilema es que Francucci lo condensa casi de manera exclusiva en su propio rostro. Podemos leer la duda en su mirada y en los gestos faciales que ejecuta con gran precisión, así como también en sus manos y en el detalle en la manera de aferrarse a su sobre, conteniéndose. De eso se trata: contenerse para no causar daño, a sabiendas de que es imposible frenarlo.


Y el diálogo, por su parte, avanza durante una espera interminable: el acompañamiento de guitarras que no aparece. Pero ello desemboca en un juego interesante: ¿quién acompaña cuando este acompañamiento no llega? Así, la obra realiza un sensible despliegue acerca del valor de la amistad y el acompañar al otro, aun sin estar de acuerdo. Permanecer al lado: intentar convencer, pero no imponer una perspectiva. Y en medio de todo, hay lugar para pensar y sentir los sueños: ¿Dónde queda lo que soñamos alguna vez? Aún más: ¿Tenemos la posibilidad de elegir nuestros sueños, frente a una realidad que se nos impone? ¿Y el arte, el canto, el tango? ¿Hay lugar para esto en la vida de una persona o se debe renunciar a todo para seguir por ese camino?


El acompañamiento encuentra en Eduardo Fessia y Roberto Francucci dos intérpretes precisos para poner en escena una historia sobre los sueños, la amistad y la dificultad de acompañar al otro cuando no sabemos si aquello que espera llegará alguna vez. Entre la ilusión de Tuco y las dudas de Sebastián, la obra construye una espera que termina preguntándonos qué significa realmente acompañar: permanecer al lado, intentar convencer sin imponer y, a veces, contenerse para no causar daño. Una propuesta sensible que encuentra una pregunta mucho más profunda: ¿quién nos acompaña cuando decidimos perseguir nuestros sueños?


Ficha técnica:


La obra cuenta con la actuación de Eduardo Gringo Fessia y Roberto Francucci. La dirección general está a cargo de Darío Giles, como también la operación técnica, escenografía y puesta en escena. La asistencia de dirección es de Ignacio Giles, y la producción de Rosario Lucero. El diseño de luces es de Diego Julián López, el mundo sonoro de Juan Candioti. Fotografía a cargo de José Almeida, el diseño gráfico de Augusto Giles, y en el vestuario Ignacio Estigarribia.


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