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"Parada argentina: Storia di un tano"

  • Carolina Notta
  • 1 jul
  • 4 min de lectura

Parada argentina: Storia di un tano, está escrita y actuada por Angelo D’Agosta, quien llegó a Argentina desde Italia con motivo de realizar una gira por distintas provincias. La obra narra la historia de un inmigrante italiano que ha llegado a la Argentina. Ya anciano, el protagonista recupera ese recorrido desde el presente, en diálogo con su nieta, alternando narración y acción en escena. Con muy poca escenografía y a través del teatro de objetos, máscaras y títeres, D’Agosta pone en tensión la experiencia individual y la historia colectiva: las vivencias del personaje condensan las de millones de personas que han atravesado el mismo proceso migratorio.  


Asistimos a un conversatorio en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad Nacional del Litoral donde tuvimos la oportunidad de conocer algunas de sus convicciones acerca del teatro. En primer lugar, D’Agosta propone que se trata de una conjunción de tres elementos: actores, espectadores y una historia. En este sentido, no resulta menor el hecho que se cuenta y, aún más, que la obra se esté representando en espacios donde muchas personas son descendientes de estos inmigrantes.


En relación con el proceso creativo, D’Agosta expresa que, a partir de una extensa y exhaustiva investigación sobre el tema, le llamó la atención las similitudes que encontraba entre todas las historias de inmigrantes italianos. Ello adquiere dimensión en la puesta en escena y se resuelve de manera extraordinaria. Al tomar la decisión de trabajar con teatro de objetos, se habilita esta multiplicidad de experiencias. Así, el único actor da vida a diferentes personajes que se encuentra cuando llega al país, representados con títeres y objetos. D’Agosta menciona que se debe tratar con respeto la historia, pero podemos profundizar esta consideración: el respeto no sólo se presenta en el tema, sino también en la manipulación cuidada de los objetos y en la manera de entablar el diálogo con esos otros personajes.


Asimismo, el actor también resuelve de manera excelente la simultaneidad de tiempos cuando interpreta con su cuerpo al anciano que narra la historia desde el presente y al joven que realiza el viaje desde Italia. Para encarnar al hombre mayor, el actor recurre a una máscara. Este elemento no sólo pone de manifiesto la temporalidad múltiple del personaje, sino también la recurrente pregunta sobre los límites entre actor y personaje, ya que el propio D’Agosta cuenta fuera del escenario que en su familia ha habido emigrantes que han llegado a la Argentina. Así, la multiplicidad de historias que se configuran como experiencia colectiva en los procesos migratorios son actualizados en la escena con esta magnífica puesta y con los recursos teatrales utilizados. Además, ello se encuentra en consonancia con una frase que se reitera durante toda la obra: “un mundo sin puertas ni muros”, tomada de la idea original de Yuri Gagarin.  


Ahora bien, esta visión casi utópica del mundo nuevamente se resuelve de manera impecable en la puesta en escena a partir de otro procedimiento presente en la dramaturgia: el trabajo con las lenguas y la incomunicación que trae consigo la inmigración. D’Agosta inventa una lengua para su personaje, que oscila entre el castellano, el italiano y la mezcla entre ambas, es decir, el “cocoliche”. Si bien su lenguaje no tiene puertas ni muros, en escena, el joven que llega a Argentina no comprende la lengua que se habla en el país de destino, encarnada en los títeres. Pero Parada argentina: Storia di un tano va un paso más allá: la misma situación nos ocurre como espectadores cuando en la escena él habla en italiano, o más todavía, un dialecto siciliano –si no conocemos esa lengua. En este sentido, asistimos a una experiencia interesante. Uno puede desplazar el foco de la lengua hacia otros elementos para intentar “entender” lo que quiere decir, pero me gusta más la experiencia de presenciar el acto mismo de escuchar una lengua desconocida y apreciar su musicalidad. Tomar contacto con lo diferente y captarlo en su diferencia: reconocer el trasfondo de estos procesos migratorios y vivir por un momento, aunque de manera ficcional, la extranjería en la propia localidad y las dificultades que traen consigo las lenguas.


Además, este hecho de incomunicación se relaciona con otro de los temas que aborda la obra: la soledad. Este sentimiento no sólo se trabaja en la escena desde el viaje y el abandono de su familia en el lugar de origen, sino también por los llamados “casamientos por poder”. El personaje, ya instalado en otro país, se casa con una mujer que vive en Italia. Allá, simulan la unión matrimonial sin la presencia del esposo, pero eso funciona para que ella pueda realizar el viaje hacia Argentina. Con ello, se pone de manifiesto el dolor que atraviesa la historia del personaje, pero lo interesante es la manera en que se cuenta: se transforma en ternura y en un diálogo adaptado para que su nieta lo comprenda.


Y así llegamos a una última idea de D’Agosta para el teatro: siempre debe hablarle a la gente de su tiempo. Por esto, no es menor que el anciano narre la historia a la nueva generación, ya no para recordar el dolor, sino para construir y proyectar el futuro. El dinamismo con el que el actor se maneja en escena provoca que la observemos con una sonrisa, nos conmovamos con su relato y hasta quizás dejemos caer algunas lágrimas emotivas hacia el final. Pero hay un punto más que me tocó de cerca: la niña, interpretada con una muñeca que manipula el actor, no habla. Esa falta de palabras es la que permite que cada espectador complete por sí mismo la historia. Y quizás me dan ganas de ser un poco ella. Como descendiente de italianos, no guardo más que recuerdos vagos de mi historia, contada en alguna reunión familiar, tal vez por el dolor que implicaba para ellos revisar el pasado. Pero Angelo D’Agosta, sin dudas, vino a narrar aquello que nunca me contaron. Y aún más: transformar la historia familiar en una experiencia colectiva, poniéndola en diálogo con las de tantos otros inmigrantes.


Ficha técnica:


Dramaturgia y actuación: Angelo D’Agosta

Escenógrafa ejecutora: Alessandra Privitera

Las “cabezas” son de Fantasías Mecánicas

Asesoramiento en manipulación: Morgana Marchesi

Sonorización: José Mobilia

Técnica: Federico D’Agosta

Dirección: Pamela Toscano




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