“La inapetencia”: exhibición y ocultamiento del deseo
- Carolina Notta
- 17 jun
- 3 min de lectura
La inapetencia, de Rafael Spregelburd, pertenece al grupo de obras que conforman la Heptalogía de Hieronymus Bosch y presenta como tema central la lujuria, como uno de los siete pecados capitales. La dirección de Abbate, con asistencia de Rocío Tauber, apuesta por la reiteración de signos asociados al exceso y la lujuria: la verborragia de la señora Perrotta, los vestuarios extravagantes que incluyen detalles con connotación sexual, una mesa con masas y porciones de tortas en el medio del escenario, y diversos objetos que aparecen en escena en la misma línea. Esta pieza teatral resulta inmensa y está atravesada por múltiples capas de sentido. Por lo tanto, sin pretender abarcarla en su totalidad, nos centraremos aquí en algunos de los procedimientos que organizan la puesta.

La obra es un absurdo, pero la señora Perrotta, interpretada por Vanina Monasterolo, se mantiene presente durante toda la obra y produce una suerte de articulación entre todas las escenas. El personaje lleva puesto un vestido color naranja que se roba la mirada y nunca abandona a su mascota: un cerdo. La actriz crea imágenes muy potentes sobre el escenario, con su cuerpo, el vestuario y la forma en que lo maneja. Los movimientos precisos que realiza denotan un gran trabajo corporal en la creación de este personaje donde pareciera que nada queda librado al azar. Asimismo, sus gestos faciales provocan que no podamos dejar de mirarla, aunque el foco de la escena se desplace hacia otra parte.
Perrotta ocupa el rol de madre en una familia de tres, integrada también por el padre y la hija, que interpretan Adrián de Kanty y Carolina Cano, respectivamente. Sí, ella es la figura materna, pero en esta mujer también se condensan el deseo sexual irrefrenable y, por supuesto, el secreto: todo aquello que debe ocultarse, incluso puertas adentro de la casa. En este sentido, su inapetencia contrasta en este personaje con su ambición sexual. Siempre está “a punto de…”, pero nunca lo concreta. Ante la falta de satisfacción, ella habla, no importa de qué, pero su verborragia es infinita. Toda la comida que forma parte de la escena sólo puede ser leída en términos lujuriosos. Asociados a Perrotta, estos elementos producen el absurdo, pero también provocan que el exceso deje de ser sólo cómico y adquiera una dimensión incómoda. En esta línea, es admirable la interpretación de Monasterolo en este personaje.
La estridencia se vuelve el motor para contar las historias que varían de escena a escena. De Kanty y Cano no sólo interpretan a integrantes de la familia, sino también a otros personajes. Sin embargo, estos actores logran algo muy destacable: ser otros y uno mismo a la vez. Cambian de ropa o utilizan máscaras, pero hay algo de ese esposo y de esa hija en los demás roles que asumen. Aquí adquiere dimensión un aspecto central de la puesta: lo que se muestra y lo que se oculta de cada cuerpo deseante se expresa también en el vestuario. ¿Cuánto narra la manera de vestir? ¿Cuánto deja silenciado y en qué contexto? Y si nos ponemos otra máscara y somos otros personajes, ¿eso los habilita a mostrar más? De Kanty deja de ser esposo y da rienda suelta a su corporalidad. Cano, por su parte, vestida con un uniforme militar lleno de flores, muestra muy poco de su cuerpo: oscila entre una niña y una adulta.
Una puesta que construye de manera constante una tensión entre exhibición y ocultamiento del deseo, donde cada exceso parece revelar algo mientras intenta esconder otra cosa. En el centro de esa tensión se encuentra la señora Perrotta: una mujer rodeada de objetos que remiten al placer y que, sin embargo, parece condenada a desear siempre un poco más. La reiteración de símbolos lujuriosos produce el absurdo –y quizás por momentos hasta comicidad–, pero también una inquietud difícil de nombrar. La lógica del deseo llevada al extremo termina por producir consecuencias inesperadas. Tal vez allí resde uno de sus mayores logros.
Ficha técnica:
“La inapetencia” de Rafael Spregelburd
Actuaciones: Vanina Monasterolo, Carolina Cano y Adrián De Kanty
Dirección: Sergio Abbate
Asistencia de dirección: Rocío Tauber
Iluminación: Oscar Heit
Fotografía y diseño: Tomás Vogel



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