top of page

“Drácula transilvando bajito”: una adaptación cómica del terror gótico

  • Carolina Notta
  • 29 may
  • 3 min de lectura

En colaboración con @teatroensantafe


Desde que vi en cartelera la obra Drácula transilvando bajito, me pareció que se trataba de un enorme desafío llevar a escena la enorme novela de Bram Stoker. Me preguntaba ¿cómo se adaptarían la gran cantidad de hechos narrados en diferentes espacios y con tantos personajes?, ¿qué será del enorme castillo del conde?, ¿y la narración mediante la escritura de un diario? Y lo último y central: ¿cómo hacer Drácula hoy? 


Créditos: Julieta Correa
Créditos: Julieta Correa

El grupo Contratelón Teatro lo resuelve de una manera ingeniosa, a partir de la creación de una obra totalmente cómica. La adaptación que realiza Federico Kessler recupera los personajes de la historia original: Mina, Jonathan, Lucy, Van Hellsing, Renfield y el conde Drácula. Lo que más me interesó de la obra es la disposición de los diferentes espacios donde transcurre la acción en el escenario. Nos encontramos con dos lugares bien delimitados, tanto por la escenografía de Kessler como por la increíble iluminación realizada por él mismo y por Ignacio Bellini: el comedor del castillo del conde y el interior de la casa de Whitby, donde se encuentran Mina y Lucy. Me pareció destacable la selección de esos dos únicos ambientes, porque son suficientes para articular la historia. Además, con muy pocos elementos, la sala de Whitby se transforma automáticamente en la habitación, y el castillo en un cementerio. La resolución espacial me parece sumamente acertada, además de que ambos lugares presentan un decorado con fondos pintados por Salvador Ramayo, que son obras de arte en sí mismas y nos hacen sentir que estamos en esa época. También los sobrios vestuarios realizados por Osvaldo Pettinari nos transportan directamente a ese momento histórico. 


Pero apenas comienza la función, nos encontramos con la lúcida dramaturgia de Kessler, que mezcla ese tiempo pasado con la actualidad. Ahí radica el corazón de la obra. Un recurso que está muy bien utilizado y genera su efecto: la sala se llena de risas, tanto del público adulto como de muchos adolescentes que disfrutan la obra. Muchos elementos y frases de nuestros días y con los que tenemos contacto de manera cotidiana irrumpen en el escenario. La atmósfera gótica y terrorífica de Drácula se desplaza automáticamente y nos devuelve a nuestro mundo actual. Y aún más: a Santa Fe. Esta perspectiva quiebra la solemnidad de la novela de Stoker y nos acerca a ver a los personajes de una manera más humana: ¿qué comen las chicas en Whitby? ¿De qué hablan en esa amistad? ¿Irá al baño el conde Drácula? A eso se suma la dramaturgia que, con pequeñas marcas, nos permiten pensar en la situación social, económica y política del país en nuestros días.


Por supuesto que la dramaturgia no generaría su efecto sin los actores que encarnan a esos personajes. Los movimientos ágiles y pícaros de Camila Villalba crean a una Mina muy perspicaz y a Amiel Rodríguez da vida a una Lucy un poco ingenua y crédula. Ese contraste, sumado a sus discursos y a los elementos que traen constantemente a la escena, producen un clima alegre, donde el chiste rápido causa la carcajada, pero no interrumpe la trama de la historia: la condensa. Por su parte, Camilo Céspedes en el papel de Drácula y Federico Kessler como Jonathan, son tan excesivamente formales en su relación y, a la vez, tan cotidianos, que no podemos parar de reír. Más aún, nos reímos junto a la risa malévola del conde, que no pasa desapercibida en la función. Ignacio Bellini como Renfield propone un despliegue físico increíble en su actuación casi animalesca: creo que leyendo la novela, uno se imagina a este personaje tal cual aparece en la escena. Y ¿qué decir de Hernán Rosa? El Dr. Van Hellsing, lejos de ser un personaje solemne y respetable por sus estudios, cambia el foco hacia el disparate. Él mismo es tan extraño como sus propuestas para combatir al conde. 


Drácula transilvando bajito es una perfecta adaptación cómica de la novela original. La dramaturgia de Kessler conjuga lo gótico con la cotidianidad y produce un humor muy divertido que disfrutan grandes y chicos. La iluminación, los vestuarios y la escenografía son de alto nivel y muy apreciables. En definitiva, la mezcla de actualidad con el pasado, sumado a las excelentes actuaciones, nos hace reír durante toda la función. Ideal para pasar un momento desopilante y de auténtico disfrute. 


Ficha técnica:


Actúan:

Camilo Céspedes como Drácula

Federico Kessler como Jonathan Harcker

Camila Villalba como Mina

Hernán Rosa como Dr. Van Hellsing

Amiel Rodriguez como Lucy

Ignacio Bellini como Rendfield


Dramaturgia y dirección general: Federico Kessler

Operación de sonido y luces: Julián Bruna y Rosario Lucero.

Vestuario: Osvaldo Pettinari

Maquillaje: Camila Villalba

Escenografía y objetos: Federico Kessler

Fondos: Salvador Ramayo 

Diseño sonoro: Federico Kessler

Diseño de luces y luminotecnia: Ignacio Bellini y Federico Kessler 

Fotografía: Julieta Correa

Video: Marcos Berneri | Ojo Producciones 

Gráfica: Nati Fessia

Producción, prensa y difusión en redes: Rosario Lucero


Comentarios


bottom of page