"Chicos católicos, apostólicos y romanos": humor, dogma e infancia en escena
- Carolina Notta
- 29 jul 2025
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 6 feb

La crítica original fue publicada en Lee Mateo, el Medio Argentino de Teatro Online de la Asociación Argentina de Crítica e Investigación Teatral (AINCRIT). Disponible en: https://leemateo.com.ar/?p=4513
El grupo “Amalgama” estrenó Chicos católicos, apostólicos y romanos en julio de 2025, con funciones durante todo el mes, en el Teatro de la Abadía, ciudad de Santa Fe. Cuenta con dramaturgia de Juan Paya y dirección de Mariano Franco.
Chicos católicos, apostólicos y romanos es un despliegue de la totalidad. El público, como Dios con un “ojo biónico”, tiene la obligación de mirarlo todo. Los detalles abundan en todas partes y, si por algún motivo se desvía el ojo del foco de la escena, se descubren otros elementos que enriquecen la significación y el humor en la obra. Mirar al escenario y mirar al público se convierte en una invitación al convivio en su máxima expresión: los cuerpos en escena transmiten su juego y disfrute, y los espectadores lo reciben y se unen a él. La obra funciona gracias a la conjunción de todos sus elementos: actores, cuerpos ágiles, voces, sonidos, iluminación, escenografía, público. La intensidad no da tregua y mantiene la atención en vilo hasta el final. En el programa de mano, debajo del título, se presenta como una “comedia de la hostia”. Y lo es: se trata de una obra muy divertida, que logra la carcajada en el público desde el comienzo hasta el final. Una comedia que intercala momentos de tensión, donde se cuestiona el dogma y el deseo, y la institución católica.
El argumento de esta pieza gira en torno al camino de aprendizaje que emprenden cuatro chicos de 5to grado en su preparación para la Primera Comunión. Sin embargo, son tildados de irreverentes por querer conocer más a fondo cuestiones sobre el pecado, el infierno, la sexualidad y Dios. En este recorrido, Álvaro, Elvidio, Gerardo y Sebastián se encuentran con diferentes situaciones dentro de la institución que los ponen a prueba en la búsqueda de conocerse a sí mismos, como niños al borde de la adolescencia. Ese aprendizaje habilita una ambivalencia entre inocencia y maldad, que les da licencia para decirlo y cuestionarlo todo.
Las actuaciones están a cargo de Luis Rinaldi, Lucio Marzocchi, Franco Ceci y Gaspar Ormaechea, quienes no sólo interpretan de manera excelente a estos niños, sino que también dan vida a otros personajes adultos que intervienen en la historia como educadores: el Padre Javier, el Padre Francisco, el Fray Darío y Sor María Inés. Se destaca de estos actores la capacidad de mantener las particularidades de cada personaje, al mismo tiempo que conservan, incluso en los adultos, la esencia infantil que atraviesa toda la obra. El quinto actor es Hernán Cogorno, quien interpreta a Guido, un empleado de la institución católica que por momentos pasa desapercibido, pero que culmina con una acción clave para el final de la obra.
El público ingresa a la sala y se encuentra un vitral caricaturesco de Cristo sonriendo y unas cajas-cubos de madera forrados con cuadrados de colores al estilo de un Cubo de Rubik, como símbolo del juego infantil, que contrastan con el telón y las paredes negras de la sala. Las líneas y colores del vitral y las cajas se fusionan al punto tal de dar la impresión de estar ante un vitral en movimiento, donde ya no hay santos, vírgenes y mártires, sino cuatro chicos de 5to grado. Por supuesto, este vitral es irreverente, al igual que los personajes, y plantea una tensión entre lo sagrado, el dogma eclesiástico y lo que realmente conforma la infancia: el deseo, la inocencia, libre de toda regla impuesta.
La puesta como totalidad implica la integración orgánica de todos sus elementos. Por ello, el vitral quedaría incompleto sin los actores que le dan vida, moviendo los cubos de un lado al otro del escenario y creando constantemente nuevas imágenes. El despliegue físico y vocal que realizan como alumnos y como figuras de la iglesia se vuelve increíble por su precisión, sus matices y particularidades propias de cada personaje. Se trata de cuerpos ágiles que no sólo interpretan, sino que disfrutan la escena de la que son parte. Puro movimiento que despliega una vitalidad constante, donde todo sucede con una velocidad y fuerza que no permiten ninguna distracción al espectador. Además, se destacan sus voces y los efectos sonoros que alcanzan con su trabajo vocal y que es lo que, en definitiva, produce la carcajada en el público. Por otro lado, siguiendo la frase atribuida a San Agustín: “cantar es rezar dos veces”, podemos decir que la obra sigue al pie de la letra esta afirmación y utiliza las canciones como parte del rito católico, pero también como un juego. Así, la obra se vuelve fluida y no deja de sorprender y divertir hasta el final.
No podemos dejar de lado la dramaturgia, ya que el humor encuentra su lugar también en la serie de malentendidos que se generan entre los propios niños y en la relación de ellos con sus educadores. Algunos tienen que ver con lo que los chicos conocen e ignoran sobre la sexualidad, pero alcanzan su punto cúlmine cuando ellos afirman ser chicos católicos, apostólicos y… ¿romanos? La interpretación del título queda, de esta manera, a cargo del espectador que experimenta la obra hasta el final.
En definitiva, Chicos católicos, apostólicos y romanos es una comedia de la hostia. Una obra que, desde el humor físico y verbal, cuestiona la infancia y la institución católica, el deseo y el deber dogmático, el descubrimiento de la sexualidad y la norma. Los chicos en su infancia, pueden preguntar, aunque no se los habilite; decidir, aunque no se los permita; cuestionar aunque a los demás no les guste. Se trata, en última instancia, de posar la mirada sobre la infancia y sobre el detalle de esa totalidad, para atrevernos a formular nuestras propias preguntas.
Ficha técnica:
Actuación:
Hernán Cogorno como Guido.
Luis Rinaldi como Elvidio – Padre Javier
Lucio Marzocchi como Gerardo – Padre Francisco
Franco Ceci como Álvaro – Sor María Inés
Gaspar Ormaechea como Sebastián – Fray Darío
Producción: Amalgama
Dramaturgia: Juan Paya
Dirección: Mariano Franco
Gestión y prensa: Larisa Sánchez y Rosana Balbuena
Vestuario y escenografía: Mariano Franco
Técnico de luces y sonido: Eduardo Córdoba y Eduardo Leva
Fotos y gráfica: Tomás Vogel
Link a la página de Instagram: https://www.instagram.com/amalgamasfe



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