“Construcción F-40”: vivir el mientras tanto
- Carolina Notta
- 25 feb
- 3 Min. de lectura
En colaboración con @teatroensantafe
Si te quedan seis meses de vida… Construcción F-40 de Arturo Castro Godoy recupera los temas centrales de la realidad actual para proponer diferentes historias. La obra gira en torno a Mario, un enfermo de cáncer terminal al que le diagnostican solamente ese tiempo de vida. Todo se vuelve una larga espera. Pero de esto se trata: ¿espera de qué? O mejor aún: ¿qué se espera cuando hay fecha de vencimiento de una vida?
La dramaturgia plantea muchos interrogantes: ¿Dónde ponemos el foco en ese momento? ¿A qué vínculos, situaciones o cosas le prestamos atención? ¿Cómo percibimos el tiempo cuando sabemos que se acaba? Con una sucesión de escenas un tanto extravagantes, Ruy Gatti, Julieta Vigo, Sofía Kreig y Federico Kessler nos proponen adentrarnos en temas que combinan la cotidianidad con lo trascendental: el scrolleo constante, la política, la economía, el trabajo, las amistades, la familia, el tiempo, la vida, la muerte. La sala llena del Valeri Montrul se colma de risas durante toda la obra porque se cuela, entre medio, el humor negro. Reímos para no llorar.

Ruy Gatti interpreta a Mario, quien espera una eternidad en la sala de un consultorio médico. El actor no pierde la esencia del personaje durante toda la función. La incertidumbre, el miedo, el agobio, se unen en él y se desplaza por el espacio con movimientos lentos, como un ser que ya no espera nada. Por contraste, Kessler, Vigo y Kreig, recuperan muchas situaciones cómicas en el mientras tanto, relacionadas con la vida de Mario y con algunas invenciones propias. En ellos se condensa mucha energía y ganas de vivir. Funcionan como tres proyecciones de Mario, como si estuviesen dentro suyo y, al mismo tiempo, fuera de él.
Algunas personas sostienen que, en el último instante antes de morir, toda nuestra vida nos pasa por delante. Construcción F-40 extiende ese instante, pero también abre la puerta a la invención, al ordenamiento de los hechos vitales de otra manera, para construir otros sentidos. El tiempo y la espera suceden sin que nadie pueda intervenir en ello. De esa manera, lo único que existe es el presente. La obra obliga al espectador a confrontar la imposibilidad del futuro: ¿Nuestra vida giraría alrededor de la espera en un consultorio médico? Aún estando sanos: ¿Qué cosas nos pasamos esperando? Y va más allá: ¿qué recuerdos nos llevamos en ese momento?
La puesta en escena presenta rasgos un tanto oníricos, como si estuviésemos en otro plano que no es real, como si buceáramos en el mundo interior de Mario para descubrir algo sobre nosotros mismos. Las escenas se suceden sin una cronología definida, ni distinción entre la realidad y la ficción. La sala de espera se convierte en un sinnúmero de escenarios posibles. Gatti sostiene su personaje y transita todos esos espacios sin inmutarse. En cambio, el resto de los actores interpretan con destreza una gran cantidad de personajes diferentes en distintas situaciones, aunque todas relacionadas con la vida del principal. Todos están vestidos de la misma manera, la escenografía se mantiene constante con las mismas sillas que mueven de un lugar a otro en escena. Todo tiende hacia la multiplicidad: un único personaje y tres proyecciones de sí mismo que actúan su propia vida. Un personaje múltiple, pero también fragmentado. Conocemos a Mario sólo a través del fragmento. Con ello, la obra nos enfrenta ante lo más crudo de la realidad, como un golpe cómico: todos vivimos, todos morimos. El punto central que se pone sobre la mesa es que aquí sabemos cuándo se acaba todo eso. Ese instante de lucidez en que nos damos cuenta de lo trágico del asunto, nos confronta a un sinfín de interrogantes.
La obra de Castro Godoy nos invita a plantearnos más preguntas que respuestas. Nos conmueve la situación de Mario, pero también nos presenta una mirada humorística ante la inminente tragedia. Además, nos propone replantearnos cuáles son nuestras prioridades, qué cosas registramos que forman parte de nuestra historia por su valor y cuáles no. En definitiva, cuáles son las situaciones y vínculos en los que nos conviene enfocarnos, porque en ellos vale la pena vivir. Construcción F-40 no ofrece consuelo, sino que deja que el espectador saque sus propias conclusiones ante la idea más fuerte: vivimos como si el tiempo fuera infinito.
Ficha técnica
Texto y dirección: Arturo Castro Godoy
Actúan: Ruy Gatti, Julieta Vigo, Sofía Kreig y Federico Kessler
Arte: Victoria Sáez
Iluminación: José Ignacio Bellini
Fotografía: Paula Pochettino
Expresión corporal: Juan Berrón
Prensa y difusión: Rosana Balbuena



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