“Dolly y el hombre sombra”: un juego entre luz y oscuridad
- Carolina Notta
- 23 jul
- 4 min de lectura
En la sala del Centro Cultural y Social “El Birri” se presentó Dolly y el hombre sombra, con dramaturgia y dirección de Sole Maglier. Las vacaciones de invierno convocaron a todos a asistir a esta obra que combina la infancia con el terror, en una puesta escénica muy llamativa, sostenida por un gran trabajo técnico.

La historia comienza con Dolly, una niña que escribe su historia en un papel. Enseguida, esa narración cobra vida en el escenario y el personaje comienza a vivir aquello que estaba contando. Comparte una vida feliz con un amigo y una guardiana, pero en un momento se le aparece el hombre sombra y la convence de que vaya a su mundo. Ella acepta movida por la curiosidad y por las ganas de conocer todo lo que existe en ese lugar. Allí, se encuentra con un ser luminoso; con un chico que se llama Ringo, una suerte de mano derecha del hombre sombra; y una muñeca que le presentan para que sea su amiga y la acompañe. Pero, por supuesto, nada es lo que parece en ese extraño y oscuro mundo.
El escenario presenta una organización muy precisa y funciona para que se comprenda la historia a la perfección. En los laterales hay telas: de un lado blancas y del otro, negras, representando ambos mundos con elementos y objetos propios de cada uno. Cada personaje ingresa por un lateral u otro según adónde pertenezca y ese movimiento permite que las acciones se desarrollen sin que se pierda el hilo narrativo. Además, se combina con diferentes efectos lumínicos que encienden un espacio y oscurecen el otro; e incluso generan sombras en el telón de fondo que engrandecen y vuelven terrorífica la figura del hombre sombra.
Los vestuarios están muy bien pensados. La guardiana viste de blanco como un ser alado y protector de Dolly, lo cual se conjuga con la interpretación de Celeste Medrano, que aporta serenidad al personaje. Por oposición, en el otro mundo, el hombre sombra lleva un atuendo negro y unas largas uñas que Catriel Albornoz maneja a la perfección y combina con su excelente actuación: una voz potente, unos movimientos que exaltan el poder y una presencia escénica que no pasa desapercibida. Ringo, a quien da vida Nicolás Martínez también está vestido del mismo color, pero su comportamiento oscila entre la energía maligna de su superior y la amabilidad con que recibe a Dolly. Por otra parte, aparece en escena un ser luminoso que pertenece a este mundo de oscuridad, pero cuya presencia irradia alegría y su vestuario está lleno de luces. Interpretado por Lucía Zoloaga, aporta agilidad y movimiento a la historia, y transmite una sensación que rompe con la atmósfera sombría que se genera en gran parte de la obra. Finalmente, Dolly, su amigo y la muñeca, interpretados por Lola Maglier, Lorenzo Zapata y Martina Giménez respectivamente, portan unos trajes de color rojo, negro y blanco, como si llevaran consigo algo de uno y otro mundo. Los tres personajes llenan de ternura el escenario, se sorprenden y nos sorprenden con su mirada sobre lo que está sucediendo: ellos no perciben el mundo del hombre sombra como algo peligroso, sino como un nuevo lugar por descubrir.
Quizás allí radique uno de los mayores aciertos de la dramaturgia: construir el peligro no desde aquello que se presenta como monstruoso desde el comienzo, sino desde aquello que despierta curiosidad y fascinación. La reacción del público también forma parte de la experiencia de Dolly y el hombre sombra. La función se realizó a sala llena, con niños y niñas acompañados por familiares. Al comienzo, mientras algunos compartían pochoclos o comentaban en voz baja lo que sucedía sobre el escenario, la obra parecía convivir naturalmente con ese movimiento propio del público infantil. Sin embargo, la puesta de Maglier presenta un aspecto muy interesante: cada acción encuentra el tiempo justo para desplegarse antes de dar paso a la siguiente. Ese ritmo permite que los espectadores sigan la historia sin perderse detalles y que, incluso si alguien se distrae un instante comentando con quien tiene al lado, pueda reincorporarse rápidamente al hilo narrativo.
A medida que la historia avanza y la fantasía cede lugar a una atmósfera cada vez más inquietante, el clima de la sala también cambia. Los comentarios desaparecen, las miradas se fijan en el escenario y el temor que despierta el hombre sombra se vuelve compartido entre los personajes y el público. Con ello, logra que niños y adultos transiten juntos el asombro, el miedo y el posterior alivio. Dolly y el hombre sombra demuestra que el teatro infantil puede construir una experiencia cuidada y emocionante. Nos invita a mirar la oscuridad, pero teniendo presente que, al igual que Dolly, siempre nos acompaña una guardiana o un amigo que se preocupa por nosotros y nos puede rescatar, incluso cuando no dimensionamos el peligro que nos acecha.
Ficha técnica:
Actuaciones: Lola Maglier, Celeste Medrano, Nicolás Martínez, Martina Giménez, Catriel Albornoz, Lorenzo Zapata y Lucía Zoloaga.
Edición de video: Tomás Del Porto
Edición de sonido: Nicolás Sanchez/ Tomás Del Porto
Planta de luces: Sergio Robinet
Diseño gráfico: Alejandra Segovia
Construcción de escenografía: José Mateos
Dramaturgia, puesta en escena y dirección general: Sole Maglier
Prensa: Rosana Balbuena



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