“Venecia”: inventar y acompañar un viaje
- Carolina Notta
- hace 2 días
- 3 min de lectura
¿Una Venecia jujeña o una Jujuy veneciana? La reconocida obra teatral Venecia de Jorge Accame, fue puesta en escena en la ciudad de Santa Fe de la mano de King Producciones, con dirección de Maximiliano Leffe y Rodrigo Sabater. La propuesta recupera la historia de la Gringa, interpretada por Nurit Scaliter, una madama anciana y ciega que vive en un prostíbulo de Jujuy y que conserva un deseo que parece imposible: viajar a Venecia para reencontrarse con Don Giacomo, su antiguo amor (de quien no revelaremos más información por obvios motivos).

En esa casa conviven con ella Rita, Marta y Graciela, tres trabajadoras sexuales interpretadas por Liliana Fiorano, Silvia Shubha Brusa y Susana Lafranconi respectivamente. Ellas conocen las dificultades que implica concretar el sueño de la Gringa: la pobreza, la marginalidad y el desconocimiento de aquello que existe más allá de su propia cotidianidad parecen convertir el viaje en una empresa imposible. Pero dieron su palabra y tienen una promesa que cumplir. Frente a esta imposibilidad imaginan, inventan otras maneras para no renunciar. Aparece un personaje más: el Chato, interpretado por Lucas Avile, un cliente que forma parte de esa historia y se incorpora al entramado que las mujeres construyen para llevar a cabo el viaje.
Venecia nos propone reírnos para conmovernos. La puesta construye su tono cómico a partir de una serie de elementos que se potencian entre sí: los vestuarios estrafalarios, los colores y las combinaciones extravagantes, y, especialmente, la transformación de aquello que parece pertenecer únicamente a la vida cotidiana. La escenografía reproduce con cierto realismo el interior del prostíbulo: la ropa colgada de la soga, las mesas cubiertas con manteles de aguayo, el mate, la pava, las empanadas de humita. Sin embargo, esos mismos objetos adquieren otras funciones a medida que avanza la acción. La dramaturgia obliga a desarmar y transformar el espacio frente a nuestros ojos y son los propios personajes quienes construyen aquello que necesitan para emprender el viaje. Hay algo profundamente teatral en ese procedimiento: con los elementos que tienen a su alcance, inventan otro lugar. Venecia aparece, entonces, no como un espacio al que necesariamente se llega, sino como uno que puede construirse.

Las actuaciones sostienen ese juego con precisión. Los malos entendidos, las suposiciones y la distancia que existe entre lo que imaginan y lo que realmente es Venecia aparecen en el momento justo y los actores encuentran los tiempos necesarios para que la risa surja sin forzarla. Fiorano, Brusa y Lafranconi construyen personajes atravesados por una ingenuidad que convive con el cuidado hacia la Gringa y con una disposición absoluta a hacer algo por ella. Sus propias preocupaciones, muchas veces pequeñas y cotidianas, contrastan con la gran dimensión del deseo de la protagonista. En ese contraste se produce buena parte de la comicidad, pero también la conmoción.
La gringa está muy bien interpretada por Scaliter: la ceguera, el dejarse guiar, la ternura y las ganas de conocer un lugar que sabe que ya nunca verá construyen un personaje que nunca abandona su sonrisa. Además, quiere reencontrarse con el amor de su vida, porque cree firmemente que existe ese amor. Aquí es donde Venecia plantea una de las tensiones más interesantes: la posibilidad de pensar el amor para siempre en un personaje cuya vida ha transcurrido en un prostíbulo. Más que proponer una respuesta a esa tensión, la obra nos devuelve a un punto completamente humano: necesitamos amor, compañía y cuidado, pero también necesitamos creer que esas cosas existen. Y quizás por eso el viaje de la Gringa no sea solamente el viaje hacia un lugar lejano. Es también el viaje que emprenden esas personas incondicionales: Rita, Marta, Graciela y el Chato inventan, improvisan, transforman para concretar este deseo. Todo parece insuficiente y, sin embargo, alcanza. No porque las condiciones materiales hayan cambiado, sino porque existe una red de personas dispuestas a acompañar el deseo del otro.
Así, Venecia nos divierte y nos conmueve a través de la risa. Pero no se queda en el mero disfrute, sino que nos invita también a pensar en algo más: nunca abandonar los sueños, en ningún momento de nuestras vidas. Al final de la función, entre los aplausos del público, Leffe recupera esa idea y nos anima a ser como la Gringa: a seguir soñando frente a cualquier adversidad. Viajar, conocer la patria del otro, aunque sea con los ojos cerrados. Confiar en quienes nos rodean y dejarnos cuidar por ellos. Viajar para no abandonar el sueño del reencuentro ni el sueño del perdón. Y descubrir que, quizás, el teatro (como la vida misma) puede darnos más de una sorpresa.
Ficha técnica:
Directores: Maximiliano Leffe y Rodrigo Sabater
King Producciones
Autor: Jorge Accame
La Gringa: Nurit Scaliter
Graciela: Susana Lafranconi
Marta: Silvia Shubha Brusa
Rita: Liliana Fiorano
El Chato: Lucas Avile
Don Giacomo: Mariano Olivera



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