“El flautista de Hamelin”
- Carolina Notta
- 27 jul
- 3 min de lectura
Sole Maglier pone en la escena Santafesina una adaptación teatral del cuento “El flautista de Hamelin”. La sala de Foyer del Centro Cultural Provincial se llenó de niños y adultos, ansiosos de ver lo que ocurriría allí. Y, como era de esperar, el escenario se colmó de colores, música, luces y movimiento. Los rostros sonrientes de la infancia, sorprendidos por lo que sucedía, miraban hacia todos lados, buscando a alguien con quien compartir la magia que traspasaba la cuarta pared y llegaba hasta el público.

La trama avanza alternando narración, acción, coreografías y animaciones proyectadas: cada uno de estos recursos llama poderosamente la atención a su manera. Catriel Albornoz y Lorenzo Zapata leen el cuento con unas voces cálidas y una excelente cadencia que nos atrapa desde el comienzo y nos introduce en la historia. A todos nos gusta que nos lean un cuento, pero la propuesta de Maglier va un paso más allá: selecciona determinados momentos de la narración y los transforma en acción escénica. En el espacio que media entre el escenario y los espectadores, los felices ciudadanos de Hamelin bailan con vestuarios muy coloridos y un estilo circense, mientras manipulan banderas y cintas, realizan acrobacias y soplan burbujas. Más tarde, ese lugar tranquilo y alegre se ve invadido por ratas: los jóvenes actores encarnan a tres de estos pequeños animales que también tienen su momento coreográfico en escena, muy cerca de los espectadores.
El conflicto exige una solución. Nicolás Martínez, en el rol del alcalde, acompañado por Martina Giménez como su secuaz, irrumpe en escena para enfrentar el problema. Ambos construyen interpretaciones muy bien logradas y con características acordes a los personajes poderosos que encontramos en los cuentos maravillosos. Además, se diferencian del resto del elenco: mientras los habitantes de Hamelin se expresan a través del movimiento, ellos permanecen anclados en la actuación, sin participar de las coreografías. En medio de ese conflicto, aparece en escena el flautista, a quien da vida Lola Maglier. Este músico porta un halo de misterio desde su ingreso y realiza una coreografía delicada y sensible.
En este punto aparece otro de los grandes aciertos de la puesta: las animaciones proyectadas sobre el fondo del escenario. Los espectadores vemos al flautista atravesar la escena mientras toca su flauta con un dulce sonido y, detrás, la pantalla con las ratas animadas yéndose de la ciudad. El mismo recurso se presenta cuando se lleva a los niños fuera de Hamelin y, posteriormente, los devuelve a sus hogares. Estos tres momentos destacan por su calidad técnica y constituyen unos de los pasajes más logrados del espectáculo.
No hace falta detenerse en el desarrollo completo de la historia, pero sí en la enseñanza que propone. El ambicioso alcalde no quiere cumplir con el pago al flautista, pero termina aprendiendo la lección: lo que se promete con palabras, debe cumplirse. La puesta de Maglier la trabaja desde la reflexión que se propone a partir de lo que vemos en escena. El público aprende la enseñanza junto con los personajes, lo que resulta un gran acierto en esta adaptación del cuento.
En definitiva, con El flautista de Hamelin convierte la narración oral en una experiencia teatral sensible. Personajes coloridos y cuidadosamente caracterizados dan vida a este relato tradicional mediante una combinación equilibrada de actuaciones, coreografías y proyecciones animadas. El resultado es un espectáculo que invita a reflexionar sobre el valor de la palabra sin renunciar a la ternura, el humor y el disfrute. Ese entusiasmo también se percibe en escena: los jóvenes intérpretes transmiten el placer de actuar y contagian esa alegría al público desde el primer momento.
Ficha técnica:
Actúan:
Lola Maglier
Nicolás Martínez
Martina Giménez
Catriel Albornoz
Lorenzo Zapata
Micaela Vargas
Lucía Zoloaga
Animaciones audiovisuales: Gastón Del Porto
Edición de sonido: Tomás Del Porto
Planta de luces: Facundo López
Diseño gráfico: Gastón Del Porto
Confección de vestuarios: Natalia Langhi
Puesta en escena y dirección general: Sole Maglier
Prensa: Rosana Balbuena

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