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“Medida de distancia”: otra forma de mirar la violencia de género

  • Carolina Notta
  • 28 may
  • 4 min de lectura

En colaboración con @teatroensantafe


Medida de distancia, escrita y dirigida por Julieta Vigo, fue estrenada en el mes de mayo en la sala de El Taller, en la ciudad de Santa Fe. El argumento gira en torno a un triángulo amoroso entre Renzo, su esposa Jeny y su amante Ema. Las dos “historias de amor” inmediatamente quedan desplazadas para poner el foco en otra cuestión: la violencia de género que atraviesa los vínculos. Lo interesante de la dramaturgia de Vigo es la perspectiva desde donde se cuenta la historia y la elección de la imagen de un espiral sin principio ni fin que atraviesa toda la obra.


Créditos: Paula Pochettino
Créditos: Paula Pochettino

En primer lugar, no se trata de una mera representación de la violencia al interior de ambas parejas. Al contrario, el humor negro con el que está construida la trama desestabiliza la atmósfera densa y violenta que comprende la temática de la obra. Como espectadores, puede que genere una cierta incomodidad este humor. Pero, al mismo tiempo, nos distancia de lo que vemos en escena y nos obliga a adoptar una posición crítica al respecto: ¿nos reímos realmente de lo que propone la obra? ¿o nos reímos para no llorar mientras la observamos? Hay un personaje en la historia, quizás el que termina de articular el humor negro en toda obra: la mujer policía interpretada por Pamela Bertona. 


Segunda cuestión: la trama avanza desde lo mínimo. La dramaturgia de Vigo no plantea la violencia de género como un tema abstracto, sino que la sitúa en una lógica completamente cotidiana. Ema sufre en su día a día por la ausencia: las noches que no pasan juntos, la comida que no comparten. Se trata de situaciones que, a priori, no tienen gran importancia, pero cuyo efecto se produce con el paso del tiempo, que provoca un enorme desgaste emocional por ser siempre “la otra”. Como contrapartida, Jeny también sufre la ausencia de Renzo, incluso conviviendo juntos. 


Un tercer punto es el personaje de Renzo, interpretado por Rubén Von Der Thüsen. Él completa los detalles mínimos que asociamos a las dos mujeres porque ejerce dos acciones: la manipulación y la violencia física sobre Ema. Asimismo, se produce una inversión en esta última relación: pese a que la violencia la ejerce el hombre, es la amante quien tiene la restricción para acercarse a él. Von Der Thüsen interpreta de manera excelente a este personaje, que queda desplazado en la escena, casi oculto en el foco central del conflicto. La manipulación en esta obra aparece invisible, tanto como se presenta en la mayoría de los casos en la vida real. Y adquiere dimensión por los efectos que provoca en las mujeres, incluso sin mostrarse presente. 


Una cuarta mirada sobre la dramaturgia responde a la importancia que adquiere todo aquello que no aparece en el escenario y que, en definitiva, es lo que subyace a la toma de decisiones por parte de los tres personajes: “los chicos”, es decir, los hijos de Renzo y Jeny. Solamente aparecen nombrados por los adultos, pero es lo que sustenta la trama de Medida de distancia


Los cuatro puntos mencionados nos llevan a tomar distancia acerca de lo que estamos viendo. Tal es así que el espectador puede dudar, al igual que Ema y hacerse varias preguntas: ¿qué pasó realmente?, ¿qué sienten en el fondo esos personajes? Además, si todo es tan trágico, ¿por qué nadie ayuda a Ema? ¿Será que Renzo no es tan manipulador como lo presenta Ema?. La apuesta de esta obra tan profunda radica en compenetrarnos con uno u otro personaje en diferentes momentos, pero con completa consciencia de que no lo somos. Y allí radica un pensamiento nuevo que nos permite afirmar sin miedo: sí, la violencia es para tanto. Sí, hay manipulación. Sí, Ema tiene que salir de esa relación. 


Pasemos a un segundo momento: las actuaciones, que también están articuladas por lo mínimo: las miradas. En la sala, el público está extremadamente cerca del escenario e, incluso, yo me encontraba en la primera fila. Desde ese lugar había algo que me resultaba imposible: no podía dejar de mirar los ojos de Sofía Kreig interpretando a Ema. El nivel de excelencia es inimaginable y su mirada es hipnótica porque allí se condensa todo lo que siente, lo que piensa: su propia historia. Su presencia corporal en el escenario potencia ese rostro que oscila entre el pedido de auxilio y el deseo de ser amada. Su potente voz inunda toda la sala desde el comienzo de la función, y provoca en el espectador la necesidad de conocer los motivos que la han llevado a ese estado. Tampoco podemos dejar de destacar su manera de caminar y de llevar puesto ese vestido rojo con tanta fuerza. Además de que su cuerpo lleva consigo una manera propia de amar y de mirar. Kreig construye un personaje que estalla y donde se conjugan la bronca, la tristeza, el dolor y el ¿amor? (o lo que queda de él). Si hay algo seguro es que no encontramos resignación. Ema es un personaje que se mueve con una solemnidad exacerbada y, eso mismo, la vuelve risible. 


También son llamativos los ojos de Leilen Bouchet, quien interpreta a Jeny. En determinados momentos claves para su personaje, no transmiten odio, sino resignación y un resto de dolor del que ya no tiene sentido hacerse cargo. Sus ojos dicen lo que no se nombra con las palabras, aquello que queda tapado por la rutina y las apariencias. Este personaje también provoca risa, pero por su exceso de terrenalidad, ya que solo le preocupan pocas cosas: que todo esté aparentemente bien, que nada se salga de la rutina y sus hijos. 


Medida de distancia es una obra profunda, tanto por la psicología de sus personajes como por la perspectiva desde la que está contada. La violencia de género es el eje central, pero la trama se sostiene por el humor negro, las acciones cotidianas y lo que no aparece en escena. La dramaturgia y las actuaciones son excelentes. Y quizás, nos propone un juego de palabras en su título: la distancia que debería existir entre Ema y Renzo, pero también, la distancia entre el espectador y lo que observa en escena para poder mirar un tema tan complejo y sensible desde otro lugar: el de las mujeres.


Ficha técnica:


Elenco: Rubén Von Der Thüsen, Sofía Kreig, Leilen Bouchet y Pamela Bertona. 

Dramaturgia y dirección: Julieta Vigo

Asistencia de dirección: Franco Castelnovo

Diseño de iluminación: Rubén Von Der Thüsen

Diseño gráfico: Soledad Grossi

Fotografía: Paula Pochettino

Movimiento: Juan Martín Berrón

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