"Onliyú": el barrio, la amistad y el deseo
- Carolina Notta
- 12 jul
- 3 min de lectura
La dramaturgia de una obra encuentra su mejor versión cuando las interpretaciones de los actores la complementan. Esto ocurre a la perfección en Onliyú, dirigida por Vanina Monasterolo y estrenada el pasado jueves 9 de julio de 2026 en la sala La treinta sesenta y ocho, en la ciudad de Santa Fe. Se trata del debut de Agostina Novero como dramaturga, quien se desempeña también como asistente de dirección. En una conversación personal, afirma lo siguiente: “la escritura me acompaña desde mi adolescencia” como una “brújula”, un “espejo” o una “herramienta” que le sirve para orientarse. Además, nos cuenta que la obra en cuestión surgió en el marco de un taller de teatro dictado por Vanina Monasterolo, que llevó a Novero a tomar la decisión de continuar formándose en intensivos de dramaturgia con Mauricio Kartun y con Mariano Saba. Este último realizó la supervisión del texto que toma como disparador un poema de Mariano Blatt.

Onliyú cuenta la historia de dos amigos que se reúnen en una esquina del barrio donde viven. Novero aporta una mirada sensible y coloca el foco en el vínculo que comparten ambos jóvenes y en la frase que funciona como una especie de epígrafe de la obra: “¿Adónde va lo que no se puede decir?”. La acción en el escenario transcurre en un breve tiempo, marcado por la duración de una charla y una botella de cerveza compartida. Sin embargo, los hechos que suceden se encuentran insertos en otra temporalidad: el día se vuelve eterno, como si todo alrededor se detuviera para que ellos puedan disfrutar ese momento, esa conversación y la cercanía íntima. La trama avanza, por un lado, por una pregunta que permanece latente durante toda la obra y que no mencionaremos por motivos obvios; y, por otro, a través de una tensión: el deseo de salir del barrio para progresar y el arraigo al lugar. En definitiva, Onliyú convierte esa tensión en una pregunta profunda: ¿cómo imaginar un futuro sin renunciar al lugar y a los vínculos que nos hicieron quienes somos? Porque, al fin y al cabo, nadie elige el lugar donde nace, pero aquí aparece la posibilidad de decidir qué hacer frente a eso. No es casual que uno de los personajes le pregunte al otro algo por el estilo: ¿qué hubieras hecho si yo no hubiera nacido acá, en este barrio?
En este sentido, son admirables las actuaciones de Florencia Minen y Nicolás Sierra. Ella encarna el dolor y la angustia que le genera irse, pero también el deseo: sus gestos, su modo de caminar y de estar presente en el escenario lo demuestran. Una media sonrisa casi apagada completa la incertidumbre (¿y el miedo?) del personaje. Él, por el contrario, propone una actuación rápida e intensa, habla sin parar, se mueve de un lado al otro y parece tener las cosas claras. Pero, quizás, también tiene miedo. Las interpretaciones de Minen y de Sierra logran conmover al público de una manera extraordinaria, incluyendo algunos momentos cómicos, y alcanzan un nivel de realismo impecable. Ambos personajes portan dentro suyo una emoción difícil de explicar, pero que captamos a la perfección: esto vuelve a Onliyú una obra magistral.
La sinopsis anticipa el escenario: los dos amigos están rodeados de cajones de birra. Sin embargo, lo interesante es cómo los actores mueven esos objetos en la escena, generando nuevos espacios y convocando al deseo de algo más. En la misma línea, el vestuario también adquiere dimensión en la puesta. No es más que lo que se ve en la imagen adjunta: un short deportivo, una remera y una campera. Pero Minen y Sierra manipulan su vestimenta y, en determinadas ocasiones, el foco se concentra en esa acción. En estos elementos se juega la fuerza del vínculo: la unión entre ambos personajes. La selección musical resulta especialmente acertada, ya que acompaña las acciones y las potencia.
Onliyú es una obra sobre la amistad, el deseo de irse y el miedo a dejarlo todo, y aquello que permanece suspendido entre lo que se dice y lo que se calla. Con una dramaturgia sensible y dos interpretaciones extraordinarias, la puesta construye un realismo conmovedor que nos devuelve la intensidad de los vínculos y la incertidumbre de las decisiones que pueden cambiar una vida.
Ficha técnica y artística:
Actúan: Florencia Minen y Nicolás Sierra
Dirección: Vanina Monasterolo
Dramaturgia y Asistencia de Dirección: Agostina Novero
Supervisión Dramatúrgica: Mariano Saba
Fotografía y video: Alfonsina Torres
Diseño gráfico: Maru Sioto



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