top of page

“Sangre que devora”: reescribir y releer el encierro

20 sept
3 min de lectura

Una reescritura de Lorca tiene lugar en la ciudad de Santa Fe, de la mano del grupo Resistencia Lorquiana. Se trata de Sangre que devora, una obra escrita por Mariano Dufour y dirigida por Cintia Amorela Bertolino, basada en La casa de Bernarda Alba. Sin embargo, el texto original se fusiona con personajes de otras obras lorquianas y con escritura propia. Esto le aporta un giro muy actual a la tragedia y la vuelve más cercana a la cotidianeidad, destacando el deseo y el encierro.



Fotografía: Aldana Mestre
Fotografía: Aldana Mestre

Lo cotidiano aparece desde el comienzo de la obra. La Poncia, Angustias, Martirio y Adela imaginan escenas que les permitan huir desde el interior de la casa. Escenas que contrastan con el encierro en el que se encuentran sumidas. Imaginan el mar: ¿qué más se puede imaginar en esa situación, sino la inmensidad? Una imagen tan potente que adquiere dimensión frente al calor y al sofocamiento. El agua, símbolo del movimiento, de lo que nace, de lo nuevo, contrasta con la quietud de la escena y de los cuerpos casi inertes de las actrices dentro de la casa, donde únicamente tienen un sillón para sentarse todas juntas: unas pegadas a otras. Además, se presentan acciones que no aparecen en el original, pero que generan una risa sutil en los espectadores y permiten una cercanía interesante con el público, sobre todo en el personaje de la Poncia, a quien da vida María Amelia Haye.


La puesta de Dufour concentra a las hijas en tres personajes: Angustias, Martirio y Adela, interpretadas por Julia Stubrin, Mirna Cettour y María José Percara, respectivamente. Pero la novedad es que las edades de las mujeres están invertidas: Angustias desborda inocencia y juventud, aunque con una rigidez casi mecánica, mientras que Adela se presenta como un personaje aletargado, como si su cuerpo pesara, como si llevara consigo una carga. Además, el deseo queda asociado ya no a la mujer joven, sino a la mujer madura. Y Martirio transita un espacio “entre” estos dos personajes. Como en la versión original, lleva el peso de no ser elegida y la enfermedad. Esta inversión es destacable, tanto a nivel dramatúrgico como actoral, específicamente en cómo se traslada el carácter de estas mujeres en los cuerpos de las actrices. Estas tres interpretaciones actualizan el texto lorquiano y nos permite hacernos otro tipo de preguntas.


Las tres hijas parecen etéreas. Los vestuarios en tonos claros y sumamente arreglados se conjugan con sus movimientos corporales, con la interpretación del carácter de estos personajes y con la escenografía, de modo tal que parece que el tiempo transcurriera con lentitud, aunque los hechos siguen sucediendo uno tras otro. El elenco se completa con Santiaga López Carrara en el rol de Bernarda, que irrumpe con su presencia, su cuerpo y su voz en el escenario. La actriz da vida a esa mujer dominante, que tiene el poder sobre la casa y sobre sus hijas. Queda, sin embargo, el personaje que no aparece nunca en escena, pero que desencadena el conflicto: Leonardo. Es que es así: ya no se trata de Pepe el Romano, sino del emblemático personaje de Bodas de sangre, a quien se lo asocia directamente con la sangre y con el caballo. La orden de Bernarda es clara: si las yeguas se alborotan con el macho, enciérrenlas a ellas. La libertad y el deseo adquieren una posición suprema en esta puesta y es, quizás, el rasgo más importante de esta versión dramática.

 

En Sangre que devora, Lorca vuelve a Santa Fe para hablar del encierro, del deseo y la posibilidad de elegir. La reescritura de Dufour no se limita a actualizar La casa de Bernarda Alba: cruza personajes, invierte edades y pone en tensión los cuerpos con las paredes de la casa, que delimitan el adentro y el afuera. Una tragedia conocida que, en esta versión, encuentra otras formas de incomodarnos y conmovernos. Y ese final, que es el de siempre, me sorprendió: el público aplaudió efusivamente y más de uno derramó alguna lágrima frente a la tragedia.


Ficha técnica:


Dramaturgia: Mariano Dufour 

Dirección: Cintia Amorela Bertolino

Actúan: Mirna Cettour, Julia Stubrin, María José Percara, Santiaga López Carrara y María Amelia Haye

Diseño de vestuario: Ignacio Estigarribia

Fotografía: Aldana Mestre.

Producción y prensa: Rosario Lucero

Comentarios


bottom of page