“Una otra yo”: inventarse, multiplicarse, subsistir
- Carolina Notta
- 8 ago
- 4 min de lectura
En colaboración con @teatroensantafe
Ana Municoy nos transporta al interior de una habitación en la casa de una artista. La actriz interpreta al único personaje de Una otra yo, escrita y dirigida por Carolina Defossé. Frente a una computadora con la cámara encendida, nos adentra en una serie de preguntas que se derivan de su precariedad laboral: ¿Cómo ser otra? ¿Cómo alcanzar el éxito? Pero inmediatamente opera otra capa: ¿Qué entendemos por éxito en la vida? ¿Quién lo impone? Y lo mejor: ¿Es para nosotros o para los demás? En medio del contexto capitalista y la globalización que nos atraviesa día a día, la obra pone en primer lugar la tensión entre el deber y el deseo, la adaptación y el deseo: debemos (¿queremos?) insertarnos en el mercado global. Una posibilidad de adaptación: inventar lo que no se desea, pero que permite la adaptación. Inventar una otra igual y diferente al mismo tiempo. Ahora bien: ¿es posible alcanzar tal multiplicidad? ¿Cuánto ganamos y cuánto perdemos de nosotros mismos? ¿Cuánto estamos dispuestos a ceder? Se presenta como tema el “doble”, pero no se trata de un doble que nos constituye como seres humanos en nuestras propias contradicciones. No, se trata, en cambio, de un doble impuesto, obligado a existir por el mercado laboral.

Inventar una otra yo. Enseguida aparece una segunda dimensión: ¿acaso no es eso lo que hacemos constantemente en redes sociales? Y aquí aparece un tema central en la obra: la tecnología. Somos aquello que existe en una pantalla para que otros nos vean. Y ello se conjuga con un elemento clave de la pieza teatral: el hecho de que se filme en vivo lo que ocurre en el escenario del Centro Cultural Provincial en Santa Fe y se transmita en el mismo momento en la sala de Área 623 en CABA. Estar en un lugar y otro al mismo tiempo se asemeja en parte a la globalización: estar en todos lados, todo el tiempo. La puesta en escena está a cargo de Julieta Kilgelmann y todo el equipo de transmisión está presente sobre el escenario en la ciudad donde ocurre el convivio entre la actriz, los técnicos y los espectadores. Asimismo, también vemos la multiplicación de pantallas en escena, que juegan entre lo real y la invención que plantea la protagonista. De esta manera, lo más interesante de Una otra yo es que el doble no sólo se construye en la dramaturgia y en la actuación, sino también en los mecanismos formales que permiten llevar adelante la función híbrida: dos personajes, dos espacios, dos públicos, dos modos iguales y diferentes a la vez de acceder a la historia. Ello habilita el planteo de nuevas preguntas acerca del Teatro: ¿Qué miramos cuando miramos teatro? ¿Qué puede el teatro con las nuevas tecnologías? ¿Cómo pensar el acceso a la obra teatral si la actriz se encuentra mediada por la tecnología? ¿Qué tenemos enfrente? Y desde Santa Fe también adquieren dimensión algunos tópicos mencionados: ¿Qué miramos en el escenario cuando todo tiende a la multiplicidad? Y aún más: la puesta en escena en ambas ciudades posibilita la repetición infinita de la misma escena.
La actuación de Ana Municoy le aporta un ritmo excelente a este texto extremadamente realista. Sus movimientos son muy naturales: ella está hablando sola a una cámara en una habitación de su casa. Nadie la está mirando. Imagina. La actriz genera el doble del personaje y esa tensión se traslada a su propia actuación: es ella misma y la otra al mismo tiempo. Oscila entre unos gestos y otros, entre unos movimientos y otros, entre una sensibilidad emocional y otra, mientras cuenta su propia historia pasada, presente y futura. Nos adentra en ese mundo a partir del monólogo donde expresa todo aquello que sucede dentro suyo. Su soledad contrasta con la cantidad de personas que están arriba y abajo del escenario, y con aquellos que están en ese otro lugar que no vemos, en otra ciudad. Nos acerca a lo que vivimos actualmente: una mínima acción, pensamiento o emoción, actualmente pueden mostrarse infinitamente en un espacio que ni siquiera es tangible. Somos parte de un todo: un mundo globalizado, atravesado por la lógica del mercado. Mostrarse para vender o venderse. Sin embargo, la obra va un paso más allá. Nos invita a hacernos una última pregunta, que me queda resonando después de cruzar la puerta del teatro: ¿Y el arte? ¿Qué lugar ocupa el arte en este mundo?
Una otra yo plantea una serie infinita de interrogantes. Con una dosis de realismo extremo, el texto de Defossé, la actuación de Municoy y la puesta de Kilgelmann nos colocan como espectadores frente a la tensión entre el deseo genuino y la necesidad de subsistir en el mercado laboral y ser parte de este mundo globalizado, atravesado por las tecnologías. ¿Cómo sobrevivir en un sistema que descarta? Una actriz, un perfil inventado y una tensión constante. Y una pregunta más: ¿qué puede hacer el teatro con todo esto?
Ficha técnico artística
Actriz: Ana Municoy
Puesta en Escena: Julieta Kilgelmann
Dirección y Dramaturgia: Carolina Defossé
En Santa Fe
Diseño de video y VJ en vivo: Desi Darrichon
Asistencia de Dirección: Lourdes Sack
Asistencia en Escenografía: Joaquín Adrove
Cámara: Facundo Cernadas
En Buenos Aires:
Asistencia de Producción: Fernando Schanzenbach
Asistencia Escenotécnica: Luis Alvarado
Prensa: Prensópolis



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