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"El cruce de la pampa": a ciegas por la extensión y el presente

  • Carolina Notta
  • 24 sept 2025
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 6 feb

Créditos: Leonardo Gregoret
Créditos: Leonardo Gregoret

La crítica original fue publicada en Lee Mateo, el Medio Argentino de Teatro Online de la Asociación Argentina de Crítica e Investigación Teatral (AINCRIT). Disponible en: https://leemateo.com.ar/?p=4566






El cruce de la pampa de Rafael Bruza se puso en escena en la ciudad de Santa Fe con dirección de Julieta Kilgelmann y las actuaciones de René Villagra y Laureano Heredia. Fue estrenada en el mes de septiembre de 2025, con dos funciones realizadas.


El sábado pasado asistimos a la función de El cruce de la pampa en la sala de Valeri Montrul Multiespacio. Se trata de la puesta en escena de un excelente texto de Rafael Bruza que recupera la larga tradición del imaginario de la pampa como una interminable extensión. La llanura se vuelve escenario para el encuentro de dos personajes: un maratonista que busca la llegada de la carrera que corre hace bastante tiempo y un doctor que desarrolla una teoría mientras intenta encontrar el presente. La pretensión de arribo al espacio físico por parte del corredor puede leerse como un paralelismo del arribo al presente por parte del otro personaje. Ambos, espacio y tiempo, se vuelven metáfora y resultan claves en la trama de la obra.


Pampa, llanura, espacio vacío, donde mirar con los ojos abiertos o andar a ciegas es indiferente. Sin embargo, no se deja de lado un aspecto constructor de dicho espacio: el alambrado de púas como impedimento para transitar libremente la extensión. La división de la tierra, el impedimento en el medio del camino.


En medio de ese lugar deshabitado, tiene lugar una especie de ritual que une a ambos personajes: una radio antigua donde se reproduce la música de Haydn. Para el doctor, escuchar lo europeo le permite pensar el espacio propio. Desde esa acción, propone una reflexión que se actualiza en el presente: el pasado es la inmigración europea en la pampa, el futuro está en los hijos nacidos en estas tierras, pero… ¿y el presente? ¿dónde está su presente? Incluso surge otra pregunta: si se encuentra, ¿después qué?


Observemos a los personajes. Interpretados por René Villagra y Laureano Heredia, destacan por su humor, que se cuela en los diálogos entre otras reflexiones. Se encuentran en un espacio intermedio: no es la salida, pero tampoco la llegada. Las actuaciones de ambos son muy buenas porque realzan lo esencial de cada uno. Por un lado, un maratonista ciego que anda a tientas por el escenario, con una vitalidad envidiable y que nunca pierde la esperanza de llegar a la meta. Por otro, un doctor obsesionado por dejar una huella con sus teorías, que titubea en su búsqueda de lo incierto y duda acerca de la existencia de su propia meta. Y sin embargo, persiste. Durante las conversaciones entre ellos, se van desentramando los motivos de su llegada a ese territorio y sus propias vivencias familiares, lo que resulta una sorpresa para el público.


En otro orden de cosas, la pampa extensa, deshabitada y llana, se encuentra sugerida en la puesta en escena por la escasa escenografía. Mientras están en pleno día, el único elemento que se observa es un sol muy potente de color rojo. Éste se encuentra en el fondo de la escena y está realizado a modo de collage con frases y palabras sobre el presente y el amor. Este lugar resulta ilusorio, porque se asemeja a cualquier otro punto de la pampa en su amplitud uniforme. Sin embargo, se transforma gracias a un increíble juego de luces.


Al anochecer, el escenario cambia rotundamente. Resulta asombroso y admirable el diseño de sombras de Laura Norma Martínez y la ejecución de las luces que realiza Julieta Kilgelmann desde el escenario. En ese momento, la trama de la historia se vuelve oscura y este juego potencia el diálogo. El dispositivo lumínico se comporta como un tercer personaje que viene a proponernos, como espectadores, a mirar un poco a ciegas lo que sucede sobre el escenario, como si estuviésemos dentro de la escena mirando la pampa desde su perspectiva. Conocemos a tientas lo que sucede, acompañado también por las luces de sala y los apagones operados por Rosario Lucero desde la técnica. Se conjuga texto, actuación, luz y oscuridad para alcanzar el punto máximo de tensión física en la obra. Una experiencia intensa para disfrutar como público.

Créditos: Leonardo Gregoret
Créditos: Leonardo Gregoret

¿Y el presente? ¿Y la meta? En palabras del doctor, la llanura es “soberbia” y, por su gran extensión, nos enfrenta a lo ínfimo que resulta el hombre. Todo cruce implica un tránsito de un lugar a otro. La pampa es ese tránsito. Pero, también, es punto de llegada y de partida. Inmensidad que lo abarca todo en un interesante cruce espacio-temporal. Una puesta en escena que nos invita a reflexionar sobre nuestros propios cruces en medio de la nada, donde cada vista resulta igual a la anterior. Un poco mirando y un poco a ciegas, nos invita a preguntarnos si la meta no es el cruce. Y, en todo caso, si en la intersección espacio-tiempo, el presente es justamente eso: el cruce de la pampa. Una obra que no sólo piensa la pampa, sino que también nos enfrenta, como espectadores, a mirar nuestra propia manera de transitar el presente.


Ficha técnica:


Actuación: René Villagra y Laureano Heredia

Diseño de sombras: Laura Norma Martínez

Sonido: Luciano Kilgelmann

Asistencia de dirección, producción y diseño de luces: Rosario Lucero

Dirección: Julieta Kilgelmann

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