"El gran Merlot presenta «El truco de la mujer sin cabeza»": humor, precisión y circo
- Carolina Notta
- 13 dic 2025
- 3 Min. de lectura

La crítica original fue publicada en Lee Mateo, el Medio Argentino de Teatro Online de la Asociación Argentina de Crítica e Investigación Teatral (AINCRIT). Disponible en: https://leemateo.com.ar/?p=4634
La compañía "Kachivachis", de la ciudad de Casilda (Santa Fe), presentó su espectáculo en la sala popular de El Birri, en Santa Fe. Las interpretaciones son de Alexander Agüero y Glenda Del Carlo, y la co-dirección es de Irupe Vitali y Eleazar Fanjul.
El escenario de la sala de “El Birri” está completamente vacío cuando el público ingresa a ver El gran Merlot presenta “El truco de la mujer sin cabeza”. Se trata de una escena que se transforma a medida que avanza la historia, guiada por los dos personajes: Merlot y Reby, artistas circenses itinerantes que se trasladan en un carro.
Así aparece la primera y más potente imagen de la obra: el carro que, como símbolo de la itinerancia, remite directamente a las antiguas compañías que se desplazaban de pueblo en pueblo llevando sus espectáculos. No se trata de un mero vehículo, sino que representa una manera de habitar el mundo.
En ese gesto nómada, resuena la vida personal de Glenda del Carlo y de Alexander Agüero, los actores que dan vida a Redy y Merlot. La actriz y malabarista nos cuenta que se conocieron en el año 2015, en Brasil, mientras viajaban como artistas nómades y hacían malabares para costear el viaje. Asimismo, agrega que sus números en el semáforo funcionaban mucho mejor cuando actuaban juntos. Sin dudas, esa conexión se mantiene entre ambos y está presente en El gran Merlot…. Esa complicidad en sus miradas, sus ritmos, su precisión, aporta una lucidez única a la obra y permite que el espectador la disfrute más allá de la anécdota.
El viaje, la itinerancia, la compañía nómada siempre implica un desafío a la hora de comunicarse. En este caso, Kachivachis lo resuelve de un modo particular: Merlot y Redy se comunican en un lenguaje completamente inventado. Aunque la lengua no sea reconocible, todos la entendemos perfectamente. Al vaciarse las palabras, se da lugar a los cuerpos, a los objetos, a la actuación, en definitiva: al circo. Se trata de un modo diferente de narrar, de contar la historia a través del cuerpo y de la técnica circense.
Esta búsqueda no les es ajena a Glenda y a Alexander. Ellos, como artistas viajeros, realizaban sus funciones en portuñol, sin que ello impidiera la risa del público. La actriz nos comenta que el germen de la obra fue siempre buscar “un lenguaje universal” por medio de la comedia física. Con ello, pretendían “mostrar algo de la fragilidad humana en cualquier parte del mundo sin importar el idioma”. Las risas de los niños, adultos, cirqueros y público en general, lo confirman.
Sin una lengua conocida, la trama se construye con los cuerpos. Los actores son excelentes intérpretes de gestos, gags, manipulación de objetos, malabares y magia. El truco, y todo lo que conduce a él, es espectacular, sin perder la adrenalina propia del riesgo circense. La técnica está muy bien trabajada y aplicada a objetos que no son específicamente de malabares: la vajilla para preparar la comida, el vestuario que ellos mismos utilizan, entre otros.
Sus cuerpos, su vestimenta con esa paleta de colores, el carro y sus objetos en el aire, crean una poética cómica, pero sutil, tanto por su precisión como por las imágenes generadas. El truco de la mujer sin cabeza no es un mero efecto final, sino la culminación de una espera sensible que el público realizó junto a los actores, en el convivio cálido y lúdico que crea la propia obra.
El gran Merlot… sumerge al público en un espectáculo de calle potenciado con los recursos propios de la sala, que afinan y engrandecen los detalles. Su mezcla justa de riesgo, humor y sutileza demuestra que el circo sigue siendo un lenguaje universal, capaz de superar todas las barreras. La risa continúa funcionando como el motor central para exponer la fragilidad humana y el valor de tener una compañía, un otro que acompaña la vida y se presta para jugar. Merlot y Reby juegan, malabarean y hacen magia. Y el truco de la mujer sin cabeza no deja de ser lo que es el circo: expectativa, adrenalina y magia. En el juego, como en el circo, todo es posible, pero lo más importante siempre es compartir con otros.
Ficha Técnica:
Creación: Kachivachis
Co-dirección: Irupe Vitali y Eleazar Fanjul
Intérpretes: Alexander Agüero y Glenda Del Carlo
Música: Eleazar Fanjul
Arte gráfico: Marlén Oddone
Fotografía: Create Estudio



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