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“La otra función”: mirar más allá del escenario

26 sept
4 min de lectura

En colaboración con @estudiobarno


La danza santafesina realiza un gran despliegue escénico con la presentación de La otra función, una coproducción entre Barnó Centro Cultural y Ham Compañía. La idea general pertenece a Pablo Tibalt, la dirección a Cecilia Romero Kucharuk y la dramaturgia fue escrita por ambos. La obra propone mirar aquello que habitualmente queda fuera de la mirada del público: lo que ocurre detrás del escenario, el antes y el mientras tanto de una función. El telón como elemento marca los límites, pero no como una frontera definitiva: sí, es un velo que oculta, pero también revela y transforma aquello que sucede del otro lado. Esta concepción se materializa en una interesante delimitación de los espacios mediante telones negros y blancos, algunos de ellos semitransparentes, que permiten modificar constantemente la relación entre lo que se muestra y lo que permanece oculto. Así, La otra función desplaza la mirada hacia la experiencia de los bailarines, sus relaciones y todo aquello que sostiene la escena antes de que comience. El uso del espacio, los vestuarios, los telones, las luces y las proyecciones participan de la construcción de la puesta y hacen del despliegue escénico uno de los principales atractivos de la obra.



Fotografía: Leonardo Gregoret
Fotografía: Leonardo Gregoret

La experiencia detrás. Una de las dimensiones más llamativas de la obra se lee en aquello que habitualmente no vemos. En este sentido, se introduce una mirada lúdica sobre sobre la experiencia de los bailarines detrás de escena y construye momentos de humor a partir de situaciones cotidianas. Las imágenes corporales detenidas o ralentizadas producen un efecto divertido: el pasar el mate de una mano a otra, los gestos exagerados y los rostros transformados por el movimiento en cámara lenta revelan una dimensión más descontracturada de los artistas, que se aleja de la estricta precisión técnica. Así, el detrás de escena deja de ser un espacio oculto para convertirse en un lugar de encuentro, de juego, de complicidad y de cercanía. Tanto que hasta nos dan un poco de ganas de estar ahí.


Lo que siempre vemos todos: el espectáculo: una sucesión de diferentes géneros de danza que, aunque en algunos casos ocupen apenas unos minutos, permite apreciar la preparación y el dominio técnico de los artistas. Se destaca especialmente la potencia y la presencia corporal de los bailarines, así como su plasticidad para desenvolverse en distintos lenguajes de la danza. Los cambios de vestuario acompañan estas transformaciones y modifican por completo el tono de cada momento de la función. En todos los casos, los intérpretes demuestran un trabajo técnico preciso, una impecable ejecución coreográfica y una notable capacidad para adaptarse a las distintas exigencias de la puesta. A esto se suma una selección musical que sostiene un ritmo intenso de principio a fin y contribuye a la energía alegre compartida entre artistas y público.


Mención especial merece el diseño lumínico realizado por Tibalt, Romero Kucharuk y Leonardo Gregoret, que adquiere un lugar predominante en la puesta. Resulta imposible olvidar la escena de Emanuel Virgilio, donde una luz puntual funciona como un bailarín más sobre el escenario: cobra vida, acompaña el movimiento y adquiere una presencia propia. A lo largo de la función, la iluminación también recorta y transforma los cuerpos mediante la producción de luces y sombras sobre el espacio, los bailarines y sus vestuarios. A las luces se suman las proyecciones a cargo de Gregoret, que, en conjunto, constituyen uno de los mayores aciertos de La otra función. Los audiovisuales y la iluminación producen continuas transformaciones sobre el escenario construido con los telones negros y blancos. Pero hay momentos particularmente destacables: cuando ocurre la proyección de imágenes en movimiento sobre un telón blanco, que dialogan simultáneamente con los cuerpos que se mueven detrás de él. Ambos elementos dejan entonces de percibirse como elementos separados y construyen una nueva escena, casi surrealista, en la que lo que ocurre delante y detrás del telón convive al mismo tiempo. Se trata de un efecto poco habitual en la escena santafesina, pero que produce una experiencia visual, sonora y corporal de gran potencia. La imagen se vuelve hipnótica y el clima de sorpresa que generan estos momentos se perciben entre las butacas y el público lo hace notar.


La otra función oscila entre el show y lo otro, lo que no se muestra nunca, pero que es, en definitiva, lo que sostiene lo que ocurre sobre el escenario. Una propuesta de gran despliegue escénico, donde cuerpos, luces, proyecciones y telones se encuentran para transformar la escena y hacer visible aquello que suele quedar detrás. La precisión técnica, la potencia corporal y el profesionalismo de los bailarines sostienen cada uno de los momentos de la función. Una obra de danza que sorprende, entretiene y, por momentos, hipnotiza.


Ficha técnica:


En escena: Belén Cicerchia, Emanuel Virgilio, David Leonhardt, Lucía Mazuquín, Virginia Weder, Lucía Repetto, Jesica Díaz, Agustina Cejas, Giuliana Albano, Victoria Beloso, Sofía Mualem, Matilda Albornoz

Selección Musical y Realización de Banda Sonora: Cecilia Romero Kucharuk

Diseño de Iluminación: Pablo Tibalt, Cecilia Romero Kucharuk y Leonardo Gregoret

Diseño de Dispositivos y Espacio Escénicos: Leonardo Gregoret y Pablo Tibalt

Vestuario: Ham Compañía (a cargo de Cecilia Romero Kucharuk y Lucía Mazuquín)

Realización Audiovisual y Fotografía: Leonardo Gregoret

Dramaturgia: Cecilia Romero Kucharuk y Pablo Tibalt

Idea Original: Pablo Tibalt

Coreografía: Cecilia Romero Kucharuk

Aportes a la Realización Coreográfica: Facundo Ebeneger, Maia Roldan, Emanuel Virgilio, Virginia Weder, David Leonhardt, Belén Cicercchia, Lucía Mazuquín y Lucía Repetto.

Dirección General: Cecilia Romero Kucharuk

Producción General: Barnó Centro Cultural y Ham Compañía

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