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“Yoklohsé en un jardín de rosas”: entre la vigilia y el sueño

  • Carolina Notta
  • 8 abr
  • 3 min de lectura
Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era Tzu que había soñado que era una mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era Tzu.


Desde que vi las primeras imágenes de Yoklohsé en un jardín de rosas en redes sociales, me generó intriga. Una puerta con unas proporciones extrañas capturaba toda mi atención. Hasta que la vi formando parte de la escenografía, cuando asistí a la segunda función que se realizó en la Sala Popular del Centro Cultural y Social “El Birri”. 


Apenas comenzó, me transportó a un mundo diferente al habitual. Firu Álvarez es el único actor en escena, pero no el único personaje. La dramaturgia de la obra nos invita a conocer la historia de Yoklohsé, un hombre que tiene dos tareas: vigilar una puerta y cuidar un jardín de rosas. Así, la primera imagen es la de un guardián y me resultó casi imposible no pensar en “Ante la ley” de Franz Kafka: en ambas se presenta una imagen inicial afín de un guardián ante una puerta. El tono kafkiano en lo absurdo de la espera y las leyes impuestas sin sentido, encuentra un eco en esta puesta teatral. Yoklohsé es guardián y, al mismo tiempo, permanece en la espera mientras cuida del jardín de rosas y se sumerge en una lógica onírica. En la oscilación entre ambas funciones asignadas, este personaje transita un mundo donde la realidad se altera y se superponen los niveles de la vigilia y del sueño.


Fotografía: Julieta Alonso
Fotografía: Julieta Alonso

Una pregunta de resonancias borgeanas atraviesa toda la obra: ¿somos nosotros quienes creamos las imágenes del sueño? ¿Y si las creamos mientras estamos despiertos? Lo onírico se despliega desde el comienzo de la obra y se acrecienta en su devenir. En el sueño, todo se distorsiona: lo grande se vuelve pequeño y lo pequeño se agranda. El sueño en Yoklohsé es una experiencia que debe ser vivida en el convivio entre actores y espectadores. La superposición de elementos que se presentan en el escenario vuelve extraña la escena y potencia su carácter surrealista: una luz cenital que exalta el personaje, un juego de luces y sombras generadas por Valentina Pioli desde fuera del escenario, un video proyectado en el fondo con el poema “Traslación del sueño” de Olga Orozco, la creación de personajes con objetos y una composición de Yoklohsé que resulta tan extraña como el sueño en el que él se encuentra inmerso. En relación con la construcción del personaje, es destacable la labor de Álvarez en su creación y su interpretación con un ritmo, una voz y un movimiento muy peculiares. El personaje se mueve en otra dimensión diferente a la del mundo cotidiano y ello lo atraviesa en su forma de ser y de habitar ese mundo. Y, por último, no se puede dejar de mencionar el texto que, en su carácter fragmentario, condensa perfectamente la relación con lo onírico. 


Otro aspecto central de la puesta es la metateatralidad. En ese “entre” de vigilia y ensoñación, Álvarez aparece como actor (¿o es otro personaje?). Y uno como espectador no puede identificar a qué nivel de la realidad o de los sueños corresponde. Y en ambos niveles las interpretaciones son excelentes. El actor habla a sus personajes y al público. Con esta idea del teatro dentro del teatro, la obra se complejiza en su estructura y en la reflexión sobre la percepción de lo real. Una vez más, actor y personajes son fragmentos de esta historia que se articulan entre sí para generar una experiencia extraña en quien asiste a la sala para verla. Lo onírico desplaza el concepto de realidad, poniendo en juego cuál es el mundo que perciben Yoklohsé, el actor y nosotros mismos como espectadores. 


A la manera de Chuang Tzu que no sabe si él sueña que es una mariposa o si la mariposa es quien lo sueña a él, Yoklohsé habita el escenario y despliega una extrañeza tal que el sueño y la realidad se convierten en una pregunta para el espectador. La invitación para el público es que viva la experiencia y aporte su propia imaginación para asignar sentido a lo que ve en escena. Un personaje fuera de lo común al que se le asigna una misión por la que siempre y en todo momento en que se lo busque, estará cuidando un jardín de rosas para cuando hayamos llegado. 


Ficha técnica


Producción general: Tuercas sueltas teatro

Autor e intérprete: Firu Álvarez

Dirección: Daniel Quiñonez

Asistencia técnica: Valentina Pioli


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